Historias

Más que una maestra

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Rosana Saldívar (48) vive rodeada de libros, cuadernos y de niños. Desde hace ocho años, es la única maestra a la que acuden gratis los alumnos de una escuela rural de Calingasta que preparan materias para no repetir el año. Para Rosana, hacer esto fue darle sentido a su vida.

Ayer fue su cumpleaños y, como no podía ser de otra manera, sus alumnos fueron hasta su casa a festejar con ella. Podría decirse que Rosana Saldivar, quien se fue a vivir a Calingasta hace ya una década, tiene dos familias. La propia, que consta de su marido y sus dos hijas, Ana (14) y Constanza (12), y otra que son los chicos que van a sus clases e integran el Club Amigos de la Biblioteca.

Rosana preparaba alumnos para poder solventar sus estudios universitarios. Les enseñó a sus hijas en sus tareas escolares y nunca imaginó que dejaría de preparar dulces y conservas artesanales para dedicarse a lo que prácticamente había hecho desde siempre. La mudanza con su marido e hijas a Calingasta fue buscando un futuro mejor porque, por entonces, resurgía la minería en el departamento sanjuanino del Oeste. Sin embargo, ni ella ni su marido se convirtieron en mineros.

“Gracias a Dios tuve la oportunidad de ir a la Universidad. Comencé la Licenciatura en Ciencias Políticas y me faltaron nueve materias para recibirme. Luego hice la Tecnicatura en Administración Pública y también me faltó la misma cantidad de materias para terminar. No seguí porque tuve a mis hijas. En Calingasta teníamos unas dos familias conocidas, ningún familiar. Mi marido aceptó cualquier trabajo como fue podar en fincas y todo lo que salió. Yo me dediqué mucho a mi familia, varios años”, detalla Rosana.

“Yo les ayudaba a estudiar a las compañeras de mi hija Ana, porque los padres no tenían conocimiento o trabajaban todo el día. Fue entonces cuando, en el año 2014, mi marido me dijo que presentara a la minera que opera la mina Casposo el proyecto de dar apoyo escolar en la Escuela Francisco Javier Muñiz, de la localidad Sorocayense, en las materias Matemática y Lengua para los chicos del Primario que fueran derivados por los docentes”, detalla.

La matrícula de esta escuela rural ronda los 120 alumnos de Nivel Inicial, Primario y Ciclo Básico Rural. Con una prueba piloto exitosa porque bajó la cantidad de repitentes, después le agregaron más materias y Rosana pasó a ocupar una Tutoría de Apoyo Escolar. Hoy puede continuar con la empresa Austral Gold, dueña de Casposo, lo que inició con su anterior propietaria Troy Resources. Es que el trabajo de enseñarle a los chicos aún es financiado por la compañía.

“Este año, Proyecto El Pachón me patrocinó el proyecto para Barreal, en la Escuela Juan Pedro Esnaola y en agosto se extendió a la escuela Martin Gil que está en Tres Acequias y es la única de jornada completa”, dice Rosana Saldivar.

“La tutoría es un seguimiento más personal del chico, preocuparme por qué faltan a mis clases y qué problemas tienen. En el 2016 nos pasamos al Ciclo Básico y nos cedieron un aula porque dejamos la Biblioteca. Al año siguiente, la Biblioteca quedó algo abandonada y el director me pide si podíamos volver a ponerla en funcionamiento. Aceptamos hacerlo y le dimos la forma de Club de Niños, se me ocurrió tomar la idea que tenía la Mina Casposo del Voluntariado. Fue así que lo integran un grupo de niños que quieren hacerlo por voluntad y de forma permanente”.

El 31 de agosto de 2017 fue presentado como Club Amigos de la Biblioteca y a cada uno de los pibes se les entregó un pin.

UNA MISIÓN EN EL MUNDO

“Para mí la experiencia de ayudar a los chicos me llena de muchísima alegría, es gratificante. Me hace sentir completa y sentir cuál es mi misión en la vida. A partir de tener a mis hijas descubrí que todo lo que me he superado, en mi carrera y espiritualmente, lo he logrado a través de los niños. Con ellos sigo adquiriendo conocimientos día tras día, me llenan de juventud con la energía positiva, esperanza e ilusiones que ellos tienen. Nuestro tiempo no está perdido si se lo brindamos a ellos, sea a través de nuestro conocimiento, apoyándolos en sus dificultades o prestándoles el oído. He podido darle un sentido a mi vida estando al lado de los niños y ayudándolos a salir adelante”, comenta Rosana, quien constantemente se capacita para enseñarle a sus alumnos.

 

 

 

 

 

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