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Un cuartel de Bomberos que enciende la chispa de nuevos proyectos

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LOS PIONEROS: Manuel Garrott, Susana Díaz Narvaez y Ramón Ormeño.

Es el de Villa Unión, ciudad cabecera del departamento Coronel Felipe Varela, en la Provincia de La Rioja. Nació de la iniciativa de un puñado de vecinos y creció de la mano del aporte minero y la perseverancia. Las ganas de crecer, sumadas a las de generar trabajo, no las detiene nadie.

En el pueblo sucedían incendios. El viento Zonda, que azota principalmente en los meses de agosto a septiembre, era y es el principal culpable. El único camión cisterna que servía para combatir el fuego estaba en la Municipalidad y no siempre estaba disponible. La consecuencia, campos y fincas quemados.

“En mis propiedades tuve unos cuatro incendios y no conseguía quién me ayude. Fue por eso que en el año 2005 tuve la idea de hacer, junto a un grupo de vecinos, una dotación de Bomberos Voluntarios. Para mi no era viable el proyecto por la idiosincrasia del pueblo. Nos costó muchísimo, íbamos puerta por puerta a hacer la campaña de la institución. Pedíamos colaboración, no tanto económica, sino que nos ayudaran en lo que se pudiera y la gente nos decía ‘para qué bomberos si acá nunca habrá fuego ni accidentes’. Sin embargo sí los hubo”, precisa Manuel Garrott, presidente de los Bomberos Voluntarios de Villa Unión.

LOS PIONEROS: Manuel Garrott, Susana Díaz Narvaez y Ramón Ormeño.

El inicio fue a pulmón. Los primeros bomberos voluntarios usaban baldes, palas, una camioneta Ford que puso a disposición Garrott y el punto de encuentro era en una oficina municipal. “Hoy la institución creció y con la ayuda de Minas Argentinas mucho más. Tenemos siete vehículos y en total los voluntarios somos veinticinco, pero por razones de trabajo siempre andamos cinco o seis. Eso sí, cuando hay una emergencia y se los necesita estamos todos”, dice el precursor del cuartel que está ubicado en lo que fue un viejo matadero municipal que estaba abandonado y lo donó el municipio.

“Fuimos adquiriendo cosas y lo arreglamos. Reciclamos los portones que eran de madera e hicimos mesones, tras algunas refacciones lo fuimos adaptando para cuartel. Los primeros subsidios nacionales nos llegaron pasado el año de comenzar y eso nos sirvió para hacer algo en la parte edilicia. Recuerdo que cuando empezamos veníamos al cuartel y no teníamos un peso. Nos sentábamos a tomar mate y nos desmoralizábamos”, comenta Garrott.

La minería, una aliada

El Seminario de Alianzas, uno de los Programas de Responsabilidad Social Empresaria que desarrolla la operadora de la Mina Gualcamayo -Minas Argentinas S.A., que recientemente fue adquirida por Mineros-fue clave para el armado del cuartel. “Participamos desde el primer año que se puso en marcha el Seminario, una sola vez no estuvimos y siempre hemos obtenido algo. Hoy tenemos, gracias a eso, elementos de seguridad, grupo electrógeno, motosierra, un equipo de ataque rápido que hubiera sido imposible tenerlo de otra manera, entre otras cosas”, señala el riojano que vive en una de las zonas de influencia de la operación minera.

No se conformaron con un cuartel de Bomberos y ahora quieren más. Entre los planes aparece la constitución de una Cooperativa de trabajo y ya pusieron manos a la obra. Mientras tanto, hasta reunir el dinero necesario para armar la Cooperativa, funcionan como una ONG y empezaron haciendo cartelería.

Costó poder tener el cuartel, pero la gente entendió la importancia. Hoy es la institución que más prestigio tiene en la comunidad.

“De la empresa conseguimos todo lo que es ploteo, corte de letras, estampadoras. Y ahora hacemos bolsas ecológicas de friselina porque también nos dieron la maquinaria. Ya hicimos las primeras entregas a eventos deportivos, para el municipio y para un comercio. Todos los voluntarios se capacitan para confeccionarlas”, dice el bombero voluntario.

Siempre atentos a lo que pueda generarles ingresos económicos, vieron la veta turística y también los festejos de cumpleaños. La gran afluencia de turistas, por ser una zona de paso para llegar al Parque Nacional Talampaya, motivó la confección de bolsas con la leyenda “Recuerdo de Talampaya” porque los comerciantes no las proveen. Las bolsitas para cumpleaños también salen de las máquinas que están en el cuartel.

“Mi meta es que la institución crezca. Todo se hace con proyección de futuro en cuanto a la construcción. Tenemos dos hectáreas y queremos hacer una especie de camping, canchas de fútbol, albergue y un salón de usos múltiples porque ya tenemos una cocina tipo industrial. Esto será para toda la comunidad y podríamos pedirle al socio una cuota un poco más alta. Hoy la cuota es de 20 pesos y no todos pagan a tiempo, cuesta. Por eso no sería una cuota muy cara”, detalla.

 

 

 

 

 

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