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Tragedia minera en Brasil: ¿accidente, falla humana o falta de control?

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A raíz de la ruptura de la represa de Brumandinho, en el Estado de Minas Gerais, se produjo el mayor desastre ambiental de la historia del Brasil. Diana Mutti, profesora del área de Geología minera de la Universidad de Buenos Aires, analiza las posibles causas detrás de la catástrofe. Por Susana Rigoz.

El colapso de la represa de la mina de la compañía Vale, en el estado de Minas Gerais, que provocó más de una centena de muertes. Foto: Archivo DEF.

Unos 150 muertos y 182 desaparecidos, el río Paraopeba contaminado y un pueblo arrasado son las principales consecuencias de la rotura del dique de contención de la minera explotada por la multinacional de origen brasileño Vale, el 25 de enero pasado. En diálogo con DEF, la doctora Diana Mutti, profesora del área de Geología minera de la Universidad de Buenos Aires, aseguró que “en minería, los accidentes no existen” y que las tragedias siempre se deben a falencias en la gestión, en la prevención.

Mientras se pone en marcha la investigación sobre las causas de la catástrofe –la segunda que involucra a la misma compañía, que ya había sufrido un episodio similar en 2015 con un saldo de 19 muertos‒, se multiplican las condenas contra esta empresa que es la principal productora mundial de hierro.

-¿Qué elementos se tienen en cuenta a la hora de construir un dique?

-El dique se calcula en la etapa de diseño teniendo en cuenta cuánto material puede llegar a pasar por él en determinado lapso, y si el lugar donde estará ubicado, es apto para almacenar la cantidad de residuos calculada. Es sobre esa base que se proyecta entre otros aspectos, la prefactibilidad antes de la construcción de una mina.

-¿Cuál es su función específica?

-La de almacenar los residuos de las plantas de tratamiento minero que contienen una mezcla del material molido de la roca con agua. Por cada tonelada de hierro extraído, quedan aproximadamente 250 kg de mineral, y los 750 kg restantes van a almacenarse a estas represas, construidas con diversos sistemas, algunos de los cuales, permiten percolar agua para que recircule y sea reutilizada en el proceso productivo. En este caso, la represa ya no estaba en uso porque pertenecía a un sector agotado, y su función actual era permitir la eliminación de los metales pesados y la recirculación del agua.

-¿Cuáles pueden ser las causas que motiven la ruptura de un dique de contención?

-Puede deberse a un problema de diseño original, a una falla en la ejecución de la obra o a un deficiente mantenimiento. Ya de por sí, el hecho de que la misma empresa haya tenido una situación similar en otra mina no muy distante (porque se trata de una región caracterizada por su riqueza en hierro), hace pensar en que se trata de una falencia interna. En realidad, es obligación de la empresa el hecho de prever toda contingencia posible. Incluso, si hubiera habido un sismo, aunque en la región es poco probable, o una intensidad inusual de lluvias, debería estar bajo control.

-¿”Prevención” es la palabra clave?

-Es la regla básica. En minería los accidentes no existen, existen los malos manejos o gestiones que, si no son prevenidos, desembocan en situaciones de impacto ambiental y social.

-¿Qué controles se realizan?

-Existen tres tipos de controles: el interno de la propia empresa, el del gobierno y el de las auditorías externas realizadas por especialista independientes que, en general, son muy bien vistas en el ámbito de la minería. Estas auditorías internacionales generan mucha confianza en los inversionistas, que en la actualidad intentan no invertir en mineras que tengan problemas sociales o ambientales.

En minería los accidentes no existen, existen los malos manejos o gestiones

-No deja de llamar la atención el hecho de que los inversionistas se preocupen por el ambiente.

-En 2015, participé como representante de la Argentina en un foro internacional de Naciones Unidas sobre gestión de recursos no renovables mineros, del que también participaban integrantes de distintos gobiernos y banqueros. Este evento me permitió darme cuenta del gran desconocimiento que existe sobre las realidades y problemas que vive la minería en cada país. Muchos inversionistas decían que, de haber conocido la existencia de conflictos sociales o ambientales, hubieran elegido proyectos más sustentables y con menor riesgo en el marco ético. En cuanto a las mineras, comprobé que su foco está puesto en los números y en la producción diaria, por lo cual sus reportes a las casas centrales y los inversionistas son sesgados.

-¿Es correcto afirmar que el concepto de sustentabilidad ya tiene peso propio?

-Sí, no solo tiene peso, sino que ejerce una presión sobre las mineras de parte de los inversionistas, que son conscientes de que nadie sale indemne de este tipo de problemas. De hecho, cuando una minera realiza una mala práctica o tiene un conflicto de cualquier orden, se genera una alarma que repercute en todo el sector. De inmediato y ante la posibilidad de tener el mismo problema, todas revisan la estabilidad de sus propios taludes. Estos desastres generan un colapso interno porque se trata de una actividad que viene intentando, desde la comunicación, mejorar su imagen y de golpe, vuelve a ser cuestionada por los movimientos ambientalistas y un abanico de instituciones. Para decirlo con una frase hecha: la minería es necesaria, pero no en mi patio trasero.

Tratamiento de desechos

-Volviendo a las represas, ¿qué pasa con los residuos contaminantes una vez terminado el proyecto?

-Muchos utilizan la palabra “contaminación” y considero que no es la apropiada. De lo que hay que hablar es de “desechos mineros”, que no necesariamente contienen contaminantes químicos. Son residuos que deben albergarse en un lugar construido según normas internacionales, que establecen la proporción determinada de componentes para que se produzca una degradación natural en el ambiente. El tratamiento de estos desechos se lleva a cabo con diversos métodos que tienen en común el hecho de no sumar sustancias químicas por encima de valores admisibles y que las existentes puedan degradarse de modo de no causar un problema que impida, por ejemplo, la revegetación de la zona. Claro que, si caen 12 hectómetros cúbicos de material, la transformación del paisaje constituye un impacto reversible a largo tiempo.

-¿Es entonces posible revertir el daño?

-Si bien en lo concerniente a las vidas humanas es irreversible, desde lo material es posible una remediación. Recién hablaba de revegetación, una práctica cuyo objetivo es restaurar la cubierta vegetal en zonas que fueron degradadas por diversos motivos. En este caso, serviría para beneficiar el desarrollo de un ecosistema natural y restaurar el equilibrio ecológico destruido. La naturaleza va haciendo su trabajo y, a largo plazo, el sistema se regenera naturalmente.

-Cómo evalúa la realidad del sector en nuestro país?

-En Argentina, tenemos diversas minas en operación de oro, cobre, plata y hierro. Como la presión ambiental fue uno de los focos cuando comenzaron a desarrollarse –salvo la etapa original de Pascua Lama en la provincia de San Juan–, las empresas pusieron mucha atención en la estabilidad de sus líneas de cola. Nosotros, a diferencia de Brasil, tenemos una región con mayor nivel de sismicidad a causa de la proximidad de la cordillera de los Andes, razón por la cual los estudios de base que se realizan tienen rigurosidad en el tema para evitar cualquier problema. Sin dudas, que también depende mucho de las empresas, como quedó claro en el caso de Barrick Gold en Veladero, San Juan, considerada una de las mejores del mundo y que sin embargo tuvo numerosos incidentes ambientales que marcan un pobre desempeño en la Argentina. Por otra parte, considero que la participación de los gremios junto al Estado en las empresas no garantiza el desarrollo minero responsable y ético, en especial, en países con gran tendencia a la corrupción. Cuando existen problemas económicos, es usual que se prioricen los proyectos, pero no necesariamente los controles y las medidas pertinentes, para salvaguardar el ambiente y la sociedad. Pese a ello, considero que en la Argentina, técnicos, empresas y gobiernos han asumido una mayor responsabilidad social y ambiental.

 

Fuente: Infobae

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