San Juan

Rocas ornamentales: una industria en terapia intensiva

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En los buenos tiempos, en la provincia de San Juan hubo quince canteras en producción y hoy quedan apenas unas cinco. El porcelanato y el cerámico ganan terreno ante la imposibilidad de invertir en tecnología. El sector hace un mea culpa y alienta la colaboración del Gobierno, de instituciones y la unión empresarial.

Los mármoles, el travertino y la laja son las rocas ornamentales que alguna vez tuvieron su época de oro en San Juan. La realidad cambió porque la dinámica del mercado hizo que decayera la producción local en un escenario donde las piedras industriales acaparan el interés del consumidor final. El sector reconoce haber hecho los deberes y algunos desaciertos. Al mismo tiempo, advierte que no tienen forma de competir “porque estamos más preocupados por lograr una estabilidad mínima de producción para cerrar nuestros costos”, precisa Juan Miguel Oro, socio gerente de Natural Stones S.A

Los productores coinciden en que el cambio de viraje hacia las otras piedras es un problema de moda, de estéticas y del trabajo de marketing que deben hacer para tener más cercanía con los consumidores. Algo que han descuidado, aseguran, es hacer lo mismo desde hace tiempo. Es decir, un ciclo productivo desde la cantera sacando los bloques, llevarlos al aserradero y después a los lugares de consumo.

“Son pocas las empresas que tienen una relación directa con el público, y el público ya no es una empresa, un shopping, sino el que tiene un teléfono y una App y puede ver inmediatamente un producto que le gusta. Nosotros estamos atrasados en la comunicación cotidiana con el consumidor final. Ellos toman decisiones que muchas veces no responden a los criterios de producción que nosotros tenemos y es hora de aggiornarnos”, dice Oro.

El nivel tecnológico que tienen los principales países productores de rocas ornamentales que son Italia y España, deslumbra al sector local. Pero reconocen que también ha crecido bastante y de forma muy sostenida la tecnología de los porcelanatos y de las cerámicas. Con ello, se ha abierto una competencia muy cerrada y “feroz” que escapa a una situación interna del país o a una torpeza política y económica. El consuelo, por así decirlo, es que este fenómeno no ocurre solo en Argentina sino a nivel mundial.

Los pocos productores de rocas ornamentales que van quedando, principalmente de travertino, indican que el gran desafío, para la sobrevivencia, tiene que ser algo meditado y trabajado en conjunto con el Gobierno y todas las instituciones que se puedan involucrar porque esta actividad tiene muchas posibilidades de surgir y recuperar los niveles que históricamente ocupó.

“Necesitamos mucho desarrollo tecnológico para sostener la producción de base y ahí es donde encontramos limitaciones porque los márgenes nuestros son pequeños y hasta que no tengamos escala de producción competitiva no podemos salir a obtener los rendimientos que necesitamos para la acumulación de capital que exige una inversión determinada. No hay otra forma de resolverlo que corporativamente, uniéndonos para enfrentar los grandes desafíos. Estamos con la posibilidad cierta de que desaparezcamos prácticamente de la incidencia a nivel de participación del mercado mundial de las piedras”, vaticina Oro.

Alfredo Collado, propietario de Millstone SA, evalúa como una buena y rápida salida de esta crisis la conformación de una Cooperativa. No es nada nuevo, sin embargo, nunca se ha podido concretar.

Reservas para medio siglo

La provincia de San Juan tiene reservas de travertino como para unos cincuenta años. Las rocas naturales del suelo sanjuanino tienen condiciones innatas que las hacen elegibles, tanto por sus características geológicas como por la logística. En el país, es la única jurisdicción que la está produciendo comercialmente.

En las escombreras de todas las canteras debemos tener entre 100.000 y 150.000 toneladas de desperdicio y lo que es considerado por la Secretaría de Medio Ambiente un pasivo ambiental se puede transformar en bienes de cambio con simplemente tener la tecnología.

 

“La demanda del travertino ha tenido picos históricos, nosotros venimos con cierto decrecimiento desde el año 2009-2010 con caída de producción. El proceso de importación se acentúa a partir del año 2015, ingresando productos tanto en bruto como procesados haciendo decaer la demanda interna, por lo tanto, cierran algunos aserraderos y conviene más importar que producirlo internamente. Cerraron las canteras y los mismos propietarios importan el material, eso básicamente se ve en Buenos Aires. Es una conveniencia comercial absolutamente lógica desde el punto de vista de la rentabilidad”, explica Oro.

 

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