San Juan

“No escuchar al lugareño tiene malas consecuencias”

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Rómulo Cámpora, párroco de la iglesia Santo Domingo de Guzmán, en el departamento Iglesia, afirmó que la minería “es una posibilidad de progreso, pero siempre con respeto a las comunidades y con responsabilidad política”, al comentar la experiencia observada en los últimos años en las comunidades que son parte de su área de influencia y que incluye el complejo minero Veladero.

Cámpora expresó su adhesión a las palabras del Papa Francisco en relación con el desarrollo de las actividades mineras y el cuidado del medio ambiente. Y puso en valor los aportes de la industria para el desarrollo de las personas y las comunidades, pero también hizo hincapié en la necesidad de que exista un compromiso político para que la distribución de los recursos genere un progreso acorde.

-Como referente religioso, ¿Cómo ha observado el desarrollo minero en San Juan? 

-Hace unos 7 años hubo un congreso de minería en Mendoza y fui invitado a exponer sobre la realidad minera en San Juan. Fue algo positivo porque ayudó a la apertura de mentalidad y de la actividad. Era un auditorio de más de 250 personas donde estaba también la gente que se oponía. Siempre he tenido una mirada positiva, pero teniendo en cuenta que no se puede imponer porque necesariamente hace falta el consenso y la participación de quienes están cerca de un emprendimiento minero. La actividad es buena cuando va acompañada de una política ambiental y con objetivos que luego se van a convertir un progreso para la región. Hemos estado siempre en contacto con Veladero, con Barrick, hemos trabajado juntos como institución. Hemos transitado juntos desgracias personales de familias, proyectos con agricultores, artesanos, con distintos emprendimientos. La gente debería ver más progreso, es uno de los factores que todavía no se ha cristalizado del todo, pero todo requiere tiempo. Vivimos en un país inestable, donde se cambian las reglas de juego de manera permanente, y vemos las consecuencias.

-En Chubut, la posibilidad del desarrollo minero se centra en la Meseta, zona inhóspita donde hay comunidades chicas y las distancias son grandes. ¿El Departamento Iglesia tiene características similares?

-Iglesia es el Departamento más grande en San Juan. Limitamos con La Rioja, con Jachal y con la Cordillera, con un paso bioceánico con Chile. Está la mina a 156 kilómetros de la sede parroquial, y tenemos distancias grandes. Hay 16 comunidades y todas ellas dependen de la agricultura, de la artesanía, del Estado y de la minería. Conozco a los mineros y la actividad. He estado con ellos. He visto el desarrollo y los tropiezos. La comunidad ha asumido que esta es una realidad muy importante. Poco a poco se ha tomado consciencia. La empresa también ha tomado consciencia para generar capacitaciones. Por parte de la gente, uno va viendo cosas buenas y cosas malas. Una cosa buena es la cultura del trabajo que ha desarrollado la mina, tanto en el ámbito familiar como profesional y de promoción humana porque ha permitido que la gente aprenda a trabajar también en otras actividades. Se va viendo un progreso que se sostiene tanto gracias a la gente que trabaja en comunidades como a las instituciones, incluyendo la Parroquia, que ha sido lugar de consulta y de mediación de conflictos, siempre en el camino de la honestidad. Creo que la minería es una posibilidad de progreso, pero siempre con respeto a las comunidades y con responsabilidad política. Sin avasallar. Siempre ha habido respeto a la comunidad. La actividad minera es un camino en San Juan, pero también en Chubut, para ir todos los días aprendiendo. No escuchar al lugareño, no tener en cuenta el modo de vida, tiene malas consecuencias.

-Aquí cerca, en Santa Cruz, hay ejemplos de localidades como Gobernador Gregores que han cambiado mucho y han crecido por la actividad minera, ¿en San Juan hay casos similares?

-Hay ejemplos. Y tendría que haber habido muchos ejemplos más de pueblos que progresaron mucho. Pero una cosa es la actividad minera, y otra es la capacidad de inversión y de administración. No se debe desentender la actividad minera de la participación y el compromiso de la parte política. En Rodeo ha habido progreso, ahora hay luz, cloacas, hay gente que ha desarrollado negocios, han crecido las instituciones deportivas, la actividad religiosa, pero debería ser mucho mejor. Pero insisto: el problema es que se debe preparar la parte política, social e institucional para progresar gracias a las regalías.

-¿La minería ha podido convivir con otras actividades?

-El trabajo en comunidades ha mejorado la parte agrícola, se han creado cooperativas, se ha trabajado con escuelas agrotécnicas, ha estado presente la actividad minera con maquinaria, semillas. En la parroquia hemos recibido aportes en alimentos, kits sanitarios, escolares. Se hizo en la parroquia de Jachal un centro informático con computadoras nuevas, un centro satelital para que los jóvenes puedan trabajar con Internet, ha habido aportes en la parte edilicia de escuelas. A los artesanos, las empresas los han apoyado para participar en ferias y para su desarrollo. Actualmente, la pandemia ha desnudado muchas realidades también. Eso hace que rearmemos nuestras convivencia, planes y compromisos.

-¿Qué opinión tiene sobre la posición de los sectores que se oponen a la actividad minera?

-Escucho las críticas ambientalistas, que son legítimas y necesarias, pero me parece que hay que ver la otra realidad: la comunidad es capaz. ¿De dónde sacamos los lápices, los cables? Del carbón y del cobre de las minas.

-¿Adhiere a las manifestaciones del Papa Francisco sobre la minería como una actividad productiva importante?

-El Papa Francisco ha sido muy claro en todo su magisterio con respecto al cuidado del medio ambiente y al desarrollo de las actividades mineras. Es la base para un camino de crecimiento. Un proyecto que va a poner en peligro la vida, comunidades aborígenes, la salud, y que pone en peligro la economía no es un buen proyecto. A la hora de la verdad hay que tenerlo en cuenta. Es un desafío y una oportunidad la minería, que Dios les da a algunos pueblos para subsistir de manera responsable. No podemos demonizar la minería. Es absurdo. Lo que son peligrosos son los excesos. En Veladero se respeta la fauna y los ríos. La vida del minero no es fácil. Es muy exigente, trabajan con mucho estrés, pero se trabaja con un nivel excelente, con atención médica y equipamiento de primera calidad. Es importante ver todo lo positivo y los riesgos. Los miedos son legítimos. No le podemos poner un 10 pero sí un 8 o un 9, porque todos los días se aprende. Algunos dicen que son espejitos de colores, pero no es así, porque los aportes son reales. Hay que cuidar la salud, el trabajo y lo que se está haciendo. Mucha gente con sus primeros sueldos pagó sus deudas, y otros invirtieron en comercios o en herramientas. Las mineras les han ido ayudando al progreso. Cuando la comunidad entendió el desafío, lo cristalizó en obras.

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