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La necesidad de profundizar la competitividad de la industria minera

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La caída del PIB global, estimada en un orden del 5,2% para el corriente año según cifras del Banco Mundial, será una consecuencia del alto impacto de la pandemia COVID-19, con efectos todavía inciertos de cara al período 2021-2025. Frente a una inclemencia económica en ascenso, dos veces más poderosa que la recesión del 2008, las industrias de capital intensivo como la minería deberán ejecutar políticas eficaces para sostener su desarrollo y enfrentar las posibles desvalorizaciones de los commodities y bajas en el comercio internacional. Aunque algunos metales como el oro se han posicionado con firmeza, el futuro inmediato vuelve a posar sobre el sector un concepto clave en tiempos de vacas flacas: la competitividad.

Para cuando culmine la pandemia se proyecta que el mundo será algo más pobre, aunque se espera que esta depresión no se acentúe bajo la temida forma de “L”, dibujando una caída como la que caracterizó, por ejemplo, a la “década perdida” de Japón hacia los años ‘90; sino que más bien será en forma de “Ú”: es decir, un período de estancamiento económico seguido de un retorno a niveles de crecimiento previos a la crisis con potenciales alivios a causa de demandas postergadas por el paréntesis comercial de los últimos meses. Así, se observa que los esfuerzos que el coronavirus ha obligado a realizar en todos los continentes son y serán más que importantes, y aunque todavía existen 12 naciones sin casos positivos reportados, lo cierto es que la pandemia sentará un precedente histórico no sólo en materia económica sino también productiva y de desarrollo que regirá en todo el planeta.

En adelante, habrá que transitar un escenario de endeudamiento expansivo, distorsiones de los mercados y shocks de oferta negativos sin un gran alza previsible en los precios, que se sumarán a un cambio de paradigma en el que entrará en juego la tecnología, la sostenibilidad y la visión estratégica de los dirigentes dentro de la renombrada nueva normalidad. Incluso, muchas de estas transformaciones causadas por la afección a la salud, las restricciones de personal y las interrupciones en la cadena de suministro han llegado para quedarse y serán parte fundamental del rediseño del sector minero post COVID-19.

La necesidad perentoria en torno a la contención de este impacto impulsa la transición hacia una economía más eficiente y resiliente, que no ha sido motivada solamente por la pandemia, pero que sí se ha acelerado -y muy rápidamente- producto de la pandemia y este primer semestre de 2020 que puso en vilo a toda la actividad productiva global al mismo tiempo. Como indica el Banco Mundial, “el rápido aumento de los casos de COVID-19, junto con la amplia gama de medidas adoptadas para detener la velocidad de propagación del virus, han ralentizado la actividad económica de manera abrupta en muchos mercados emergentes y economías en desarrollo”, por lo que las proyecciones de crecimiento se han reducido “seriamente” y el mundo se enfrenta de lleno con una premisa central de las ciencias económicas: el principio de escasez, que sugiere recursos escasos para necesidades infinitas.

Aunque en función de este contexto habrá determinados minerales críticos que se consolidarán como activos estratégicos, lo cierto es que la capacidad de respuesta de la economía estará reducida y cada sector tendrá que dotarse de eficiencia para reponerse a los números rojos. Esto podría indicar un ciclo expectante conforme se sale de la pandemia y la adopción de una visión más pragmática por parte del management minero y el capital internacional; mientras que como contrapunto también podrá traducirse en una oportunidad de aceleración productiva en aquellas regiones de gran riqueza geológica y con proyectos mineros factibilizados que aún no han visto la luz.

En la búsqueda de este equilibrio entre un mercado ajustado, inversores cautos y regiones con economías agobiadas, las mejoras en la competitividad se posicionan como un aspecto central a considerar para optimizar las capacidades de los agentes económicos. Específicamente en el área minera, la industria podrá enfocarse en trabajar para ser más competitiva tanto en lo relacionado al desarrollo de las operaciones y la participación de las compañías operadoras como al nivel de los países y la gobernanza. Cada región, en este sentido, tiene desafíos particulares, y en América Latina estos podrían inmiscuirse en algunos tópicos taxativos como la licencia social, el mantenimiento de reglas y la seguridad jurídica, sumado a la optimización de los recursos tanto humanos como tecnológicos y relacionados a la infraestructura y el ambiente.

Si bien la minería es un sector robusto y acostumbrado al riesgo y las fluctuaciones, no será ajena al contexto y es observable un golpe de doble efecto: por un lado, una caída acentuada de la demanda hasta que se clarifique cómo será este nuevo mundo y, de manera paralela, una disminución de la oferta cuyas consecuencias comenzarán a ser más perceptibles en las estadísticas que arroje el segundo semestre de este inesperado 2020.

Mientras tanto, las previsiones de la consultora Deloitte anuncian que la recesión prolongada causada por el coronavirus podría tener implicaciones en el sector relacionadas a probables fusiones entre compañías, reducción de la liquidez en el sector junior y de exploración, como así también oportunidades para la automatización de roles y funciones críticas. Así, algunos sectores de la industria se verán más afectados que otros y la salida a esta crisis dependerá de cuánto tiempo más se extienda la pandemia y el rebote que esto tenga en cada commodity en particular. Por ello, trabajar la competitividad de una manera integral podrá resultar de gran utilidad en este escenario incierto.

Competitividad nacional

Con frecuencia, suele reconocerse a la Argentina como un país geológicamente inexplorado con un gran potencial de recursos y una oferta de minerales muy diversa, especialmente en el área cordillerana, pero que sin embargo no se ha consolidado como un país minero, sino como “un país con minería”, tal como señala el Dr. Ricardo Alonso, Secretario de Minería y Energía de Salta.

Desde esta perspectiva, una serie de aspectos relacionados a falencias en torno a la diversificación productiva, prohibiciones de la actividad en algunas provincias y afectaciones cíclicas en la economía han ubicado al país en ese grupo de naciones con un desequilibrio entre los recursos geológicos y la cantidad de yacimientos activos, con grandes oportunidades hacia adelante de trabajar la competitividad.

Aunque en el último tiempo a nivel nacional y provincial se han consolidado algunas políticas de Estado que dotaron de mayor previsibilidad al desarrollo minero, lo cierto es que el potencial de captación de divisas y de crecimiento socioeconómico es mayúsculo en términos comparativos a lo que se produce actualmente. Para entender la dimensión de esta situación, sólo basta con mencionar el caso del cobre, el segmento más importante de la economía chilena y con grandes perspectivas a futuro ligadas a la electromovilidad, que en Argentina aún no ha logrado despegar pese a contar con un portfolio de proyectos de clase mundial. En la inauguración de la Mesa del Cobre por parte de la Cámara Minera de San Juan (CMSJ) las cifras informadas por el Lic. Mario Hernández, presidente de esta organización gremial, indican con contundencia por qué es necesario avanzar en el posicionamiento minero del país y ofrecer mayores estímulos al desarrollo de la minería: sólo en los emprendimientos cupríferos de la provincia cuyana duermen más de US$130.000 millones (2020 a 2060); unos US$7.000 millones de tributación y US$30.000 millones en términos de salarios y proveedores; es decir, alrededor de US$1.000 millones anuales durante 40 años analizando sólo el impacto de cuatro de los seis pórfidos cupríferos que se sitúan en el país (Josemaría, Pachón, Altar y Los Azules).

Ahora bien, analizando la actualidad minera nacional se observa que, en 2019, el sector minero metalífero y de litio fue el cuarto complejo exportador con una cifra de US$5.106 millones, registrando una caída interanual del 5,5%. Dicho monto representó el 7,8% de las exportaciones totales del país, y los metales de oro y plata fueron los que generaron mayores ventas externas (un 55,6%; US$2.839 millones), seguido del sector siderúrgico (20%), aluminio (16%), litio (3,6%), plomo (1,9%) y otros metales no metalíferos.

Sin embargo, en función de las proyecciones realizadas por la Secretaría de Minería de la Nación a fines de 2019, entre 2020 y 2030 la industria minera podría experimentar una caída en las exportaciones del 47% (litio, cobre, oro, plata, zinc, molibdeno y plomo) pasando de US$3.623 millones a US$1.908 millones al comienzo de la próxima década que deberán ser tenidas en cuenta. ¿La causa?: “Aún con las construcciones en curso y un escenario optimista para las operaciones de litio, de no activar nuevos emprendimientos, indefectiblemente las exportaciones se reducirán por la madurez de los yacimientos”, explicó en su momento la cartera minera nacional.

A la luz de estas cifras, si se adscribe a la idea de que un país o agente económico es competitivo en función de su capacidad para mantenerse en un mercado, Argentina deberá mejorar su atractivo regional y comenzar a cimentar las estrategias en curso entre los estados nacional y provinciales, las empresas y la ciudadanía para traccionar inversiones al país a la par de mejorar la eficiencia productiva, reducir costos y garantizar el desarrollo minero al mediano-largo plazo de la mano de una matriz social, económica y política afín. El estado de situación de los países vecinos, especialmente el de Chile y Perú, podría ser un modelo a seguir con miras a aumentar la participación de la minería como motor de desarrollo, tal como sostuvo el secretario de Minería de la Nación, Dr. Alberto Hensel a fines de junio: “La minería argentina tiene un problema de competitividad: si se compara el nivel de inversión que recibió el país con Chile es de 10 a 1: son cerca de US$30.000 millones de inversiones contra US$3.000 millones que recibió la Argentina”.

Ley de Inversiones Mineras

La Ley 24.196, promulgada en 1993 y orientada a la promoción de inversiones mineras, es una hoja de ruta a la hora de hablar del esquema de competitividad de las industrias extractivas en Argentina en lo que respecta a la prospección, exploración, de-sarrollo, preparación y extracción de sustancias minerales.

La normativa brinda garantías de estabilidad fiscal por 30 años desde la presentación del Estudio de Factibilidad, y permite que las compañías mineras que invierten en el país gocen de una carga tributaria fija sin modificaciones en el largo plazo.

También, autoriza a que las compañías suscritas a este régimen de inversiones puedan deducir el impuesto a las ganancias en el balance impositivo del total de los montos invertidos en “gastos de prospección, exploración, estudios especiales, ensayos mineralúrgicos, metalúrgicos, de planta piloto, de investigación aplicada, y demás trabajos destinados a determinar la factibilidad técnico-económico de los mismos”; y brinda una exención del Impuesto sobre los Activos, siempre y cuando las empresas mantengan aportes en sus respectivos patrimonios por un plazo no inferior a cinco años continuados desde su ingreso.

Informe Fraser: Otro indicador

Uno de los termómetros en materia de competitividad que posee la industria minera es el informe anual realizado por el Instituto Fraser, una encuesta de la que participan actores clave de distintas jurisdicciones con la finalidad de evaluar el desarrollo minero, las políticas aplicadas y la performance general de cada región. La encuesta está diseñada para conocer las opiniones de gerentes y ejecutivos sobre las barreras a nivel de inversión en jurisdicciones con las que sus empresas están familiarizadas, y se les pide a los encuestados analizar 15 factores relacionados a la política y cómo estos influyeron en las decisiones de cada compañía.

En 2019, la encuesta se distribuyó entre 2.400 profesionales del sector y, con un total de 263 respuestas sobre 76 jurisdicciones, se clasificó el potencial de las provincias, los estados y los países mineros de acuerdo con la medida en que “los factores de la política pública alientan o desalientan la inversión minera”.

Para esta última edición, el índice de atractivo inversor ubicó a las provincias de Argentina en una instancia intermedia, de mitad de tabla hacia atrás, aunque San Juan, ubicado sólo cuatro posiciones después que Chile y tres antes que Perú, dejó en manifiesto que el país posee un gran potencial si se ajusta la política pública y se brindan garantías a largo plazo. Seguido de San Juan (22°) se posicionó Salta con el 36° escaño, Catamarca en la 44° ubicación y Santa Cruz en el 53° lugar.

¿A qué nos referimos cuando hablamos de competitividad?
Funcionarios y referentes de la minería argentina explican qué es la competitividad y por qué es tan importante consolidar una Argentina competitiva en estos tiempos.

“Para que el imán de inversiones sea más competitivo, San Juan ha construido una estabilidad jurídico-económica que brinda mayor seguridad” (Ing. Carlos Astudillo, Ministro de Minería de San Juan)

“Existen muchos factores comunes que influyen en la competitividad y se centran en: calidad, costos, estabilidad y licencia social. A estos, que son común denominador de la actividad, debemos sumarle los propios de cada jurisdicción y distrito. Las variables mencionadas, a excepción de la calidad que es preexistente, los considero endógenos ya que son gestionables desde el propio sector, que si bien, tal como la licencia social puede mirarse con la óptica de factor externo, la inacción o la acción errónea del sector provoca reacciones adversas que hasta llegan a paralizar la actividad. En el concepto calidad incluyo lo que significa el resultado de la polinómica geológica / infraestructura que determina la cuantía de su factibilidad y la perspectiva del negocio. De todas maneras, para que el imán de inversiones sea más competitivo, San Juan ha construido una estabilidad jurídico-económica que brinda mayor seguridad para los capitales que observan a la minería. Estas variables son el desafío constante con los que la actividad debe convivir.”

“Si bien el trabajo es continuo y permanente para otorgar mayor competitividad al sector minero en su máxima expresión; hay una firme decisión del Gobierno de San Juan de poner en valor los recursos minerales que posee la provincia. Esto es, otorgar al derecho minero plasmado en nuestro Código el amparo de su cumplimiento mediante la determinación de extracción y producción minera. A esto, debemos sumarle la convocatoria del Gobernador de San Juan, Dr. Sergio Uñac, al llamado Acuerdo San Juan que nos permitirá establecer una mirada gestionable con visión de futuro, otorgando seguridad y previsibilidad.”

“En ese sentido se ha convocado una mesa de la actividad minera en la que estamos dialogando para obtener como resultado el modelo adecuado para brindarle competitividad cierta, permanente e importante a la actividad. Desde el interior de nuestro ministerio hemos realizado las modificaciones orgánicas tendientes a darle mayor agilidad, no sólo a los trámites administrativos y legales; sino al control y seguimiento de la inversión que debe estar pensada en la producción. Con relación a lo impositivo, San Juan tiene exenta a la actividad de impuestos provinciales porque estamos convencidos que la contribución indirecta es mayor y altamente positiva con la generación de proveedores y trabajo.”

“Además, hemos encarado un fuerte plan de capacitación para la generación de recursos humanos altamente capacitados y por otro lado, hemos avanzado en una acción coordinada de comunicación hacia nuestra sociedad, para afirmar la licencia social con la que cuenta la minería en nuestra provincia.”

“Para avanzar en la competitividad, es observable que aún falta desarrollar tecnología, e infraestructura”
(Ing. Rodolfo Micone, Ministro de Minería de Catamarca)

“Desde una concepción económica, la competitividad es la capacidad que tenemos para competir, la aptitud para poder salir al mercado y mantenernos en él siendo capaces de satisfacer lo que se demanda, enfocándonos en la mejora de nuestra oferta y productos. La ventaja comparativa de la minería argentina está en su recurso, en nuestro caso el litio, por ejemplo.”

“Para avanzar en la competitividad, es observable que aún falta desarrollar tecnología, e infraestructura, tanto vial como energética y de comunicaciones, especialmente en comparación con otros países que tienen desarrollada su industria minera.”

“Si queremos mejorar nuestra competitividad, como sector debemos tener una visión y una estrategia positiva y trascendente que se adapte a la demanda económica actual. Tenemos experiencia y hemos recorrido un largo camino de aprendizajes, donde lo fundamental es la interacción de los actores de la actividad: Estado, comunidad y empresas”.

“Seguimos sin lograr tener una política minera de largo plazo, previsible y confiable”
(Dr. Miguel Soler, Secretario de Minería e Hidrocarburos de Jujuy)

“Por competitividad referimos a la capacidad para captar y sostener participación en mercados mundiales, insertándose con productos de crecimiento dinámico en mercados dinámicos. Ser un país competitivo en temas mineros, implica la capacidad que tiene el mismo para hacer ‘producir’ a su potencial geológico, y es en este sentido que interesa su capacidad para atraer capitales para la prospección, exploración, desarrollo y puesta en producción de nuevos emprendimientos mineros.”

“El desarrollo integral de cada una de esas etapas de la industria minera es la clave para que haya nuevos descubrimientos, se incrementen los recursos mineros, se factibilicen e incrementen las reservas mineras, y se pongan en producción nuevos emprendimientos mineros, necesitando para cada una de esas etapas la participación en general de diferentes tipos de empresas, algunas dedicadas exclusivamente a la búsqueda y otras dedicadas a las búsqueda, desarrollo y puesta en producción de nuevos yacimientos.”

“Al ser la minería una actividad que se rige por precios internacionales y por las ‘oportunidades de negocios mineros en cada país’, el captar capitales para la inversión dependerá de las expectativas que tengan los inversionistas sobre oportunidades de negocios y márgenes de operación. De este modo, y dependiendo las etapas del desarrollo minero a la que una empresa se dedique, va a incidir en la competitividad de cada país, diferentes factores como la seguridad jurídica, la política minera y económica, el grado de desarrollo de infraestructura básica, la licencia social, y la burocracia administrativa en la gestión de los permisos necesarios para realizar la actividad.”

“En estos últimos años, las diferentes políticas mineras nacionales y provinciales, han venido aportando al desarrollo de la industria minera argentina, lográndose situaciones concretas en el que la competitividad argentina ganó sobre otros destinos de inversión; por ejemplo con el crecimiento de inversiones en exploración en materia de litio, inversiones en ampliación y nuevos proyectos productivos mineros en Jujuy, San Juan, Salta, Santa Cruz y Córdoba, pero seguimos sin lograr tener una política minera de largo plazo, previsible y confiable, que nos permita incrementar nuestras ventajas comparativas en contra de otros destinos mineros mundiales, y que se traduzcan en un incremento y diversificación en las inversiones en exploración, y en el desarrollo y puesta en producción de nuevos proyectos mineros y de otros que están a la espera hace tiempo”.

“Los mayores pilares en la construcción de la competitividad son la seguridad jurídica y las reglas de juego claras”
(Dr. Ricardo Alonso, Secretario de Minería y Energía de Salta)

“La República Argentina no es un país minero. Es un país con minería. Para ser un país minero una parte importante de su PBI debería provenir de la actividad minera y eso no ocurre. De todos modos, el país se encaminaba a lograr una buena competitividad en el sector con las pocas provincias que todavía pueden hacer minería. Igualmente, en el marco de una pandemia de estas características todavía no sabemos cuál será el escenario futuro de las empresas, los commodities y los mercados.”

“Los mayores pilares en la construcción de la competitividad son la seguridad jurídica y las reglas de juego claras, además del acompañamiento de nación y provincia a los emprendimientos mineros para que puedan desarrollarse y generar trabajo genuino y riqueza genuina. La minería es un complejo mecanismo de relojería en donde si falla un engranaje falla todo el sistema. Los metales cordilleranos, los hidrocarburos y la agroindustria, son tres de los grandes pilares económicos sobre los que puede sostenerse la economía nacional”.

“Contar con una industria minera competitiva genera beneficios para el país”
(Dr. Alberto Carlocchia, Presidente de la Cámara Argentina de Empresarios Mineros)

“Hay toda una serie de factores que permiten medir la competitividad de nuestra industria, y que generan que un país sea más o menos competitivo en materia minera, independientemente de sus recursos geológicos. Entre ellos podemos mencionar las cuestiones de infraestructura, las políticas fiscales, los aspectos regulatorios y los temas laborales y por cierto sociales”.

“La minería en Argentina es una industria relativamente joven ya que su consolidación se dio hace tan solo un par de décadas. Nuestro país tiene un gran potencial gracias a sus recursos naturales, dado que se encuentra entre las regiones con mayores reservas de litio, oro, plata y cobre. El primer paso para movilizar ese potencial fue sin dudas la Ley de Inversiones Mineras, pero aún tenemos por delante un camino de mejoras necesarias para lograr un posicionamiento más cercano al de países líderes en la región. Debe entenderse que contar con una industria minera competitiva genera beneficios para el país, que se traducen no solo en mejora de los ingresos por exportaciones, sino también en generación de empleo calificado, consolidación de las economías regionales y principalmente en desarrollo para las personas”.

“Para lograrlo, desde la industria trabajamos en varios ejes, que incluyen la calidad en los procesos de producción, la sustentabilidad, la transparencia, la capacitación y la innovación. Cuando se trabaja junto a las comunidades, fomentando el crecimiento de la cadena de valor, las actividades de capacitación y la contratación de mano de obra local también se está incentivando la competitividad. Pero la competitividad de un sector la hacemos entre todos los actores del sector. Por eso debe ser inclusivo y es condición indispensable la participación concreta, efectiva y eficiente de proveedores y gremios”.

Fuente: Panorama Minero

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