Desde Calingasta, Silvana Romero presentó su emprendimiento familiar -Dulces Eluney-, el cual nació luego de su regreso desde la ciudad de San Juan y se ha convertido no solo en un productor de dulces sino también en servicios de cabañas. Un camino recorrido en el cual se ha sumado Caterwest, empresa que les ha colaborado para obtener productos de excelencia y calidad.
Buenas tardes Silvana ¿Cómo estás? ¿cómo esta Calingasta en este momento?
Todo bien, gracias a Dios, todo bien. Aquí está soleado, hermosísimo, con unos paisajes muy bonitos, porque bueno, tenemos la cordillera acá cerquita y bueno, con este sol hace que los paisajes se vean más hermosos todavía. ¿O será que uno se enamora del lugar donde vive?
Contanos qué significa Eluney…. ¿Es el nombre de los dulces artesanales y de la posada donde vivís con tu familia no?
Si me permitís hago un poquito de historia. Eluney significa regalo del cielo. Yo nací acá en Calingasta y por cuestiones de la vida me fui a los cuatro años. Hice toda mi vida en la ciudad de San Juan, donde me casé, donde vivíamos con mi marido. Teníamos este lugar en Calingasta como ese lugar al que algún día vas a ir a pasar un fin de semana ¿viste? Nosotros veníamos intentando adoptar y lo hicimos con nuestros dos hijos, acá en Calingasta. Obviamente dejamos todo allá en la ciudad y nos vinimos a vivir acá. Por eso Eluney significa regalo del cielo, ellos son nuestro regalo del cielo. Creo que Dios nos pone en el lugar donde debemos estar y donde nos tenemos que quedar. Por eso es que hablamos y sentimos tanta pasión por nuestro emprendimiento, es nuestra historia de vida.

Y empiezan con el tema de los dulces justamente para poder demostrar ante la jueza que podían mantener a sus hijos ¿es así?
Claro, los dulces empezaron siendo nuestra fuente de trabajo hace ocho o nueve años atrás porque había que demostrarle a la jueza que nosotros teníamos un ingreso. Porque nos vinimos acá sin trabajo y lo que teníamos eran unos frutales. Así que empezamos a hacer dulce y los vendíamos en la plaza de Barreal. Hoy, gracias a la ayuda de Caterwest, podemos ampliar y mejorar nuestra producción muchísimo más. Y no solo eso, hoy esto genera puestos de trabajo, porque necesitamos ahora dos personas, una que se encarga del aseo de las cabañitas que hemos podido armar en la posada y otra persona que se encarga de todo lo que es el mantenimiento y cosas para los dulces.
¿Y ahora están siendo potenciados por Caterwest, una empresa proveedora de servicios mineros de ahí de Calingasta también? ¿Cómo se da este vínculo y en qué los están potenciando?
La participación de Caterwest en nuestro proyecto es realmente como la frutilla del postre. A través de la colaboración y la ayuda de Caterwest hemos podido obtener la habilitación de nuestra cocina, lo que implicaba realizar muchas mejoras, porque te piden muchos requerimientos. Ahora podemos “patentar” nuestros dulces, tenemos números de lote para nuestra producción de dulces artesanales, esto implica que tenemos la habilitación nacional e internacional para poder vender nuestros productos. Antes teníamos la habitación departamental y los podíamos vender acá solamente. Ahora podemos hacer que estos dulces puedan ser vendidos a otras partes del país o del mundo, que formen parte de regalos empresariales y muchas cosas más.

Técnicos de la empresa Caterwest asesoran de forma constante y realizan las mejoras necesarias para que la producción de dulces y conservas alcancen nuevos horizontes.
¿Cómo fue el contacto o cómo es el contacto con los técnicos que puso a disposición esta empresa calingastina?
La verdad que es gente maravillosa, tanto desde lo humano como desde lo profesional. Llegaron un día buscando interiorizarse más de nuestro emprendimiento, de nuestro proyecto. Nos pusieron un equipo técnico a disposición, el cual nos ha asistido en materia de procedimientos que nosotros no teníamos contemplados. A su vez, se van realizando las mejoras en la cocina, en la parte eléctrica, el tema de funcionalidad de los freezers, la cocina, y muchas cosas más. Estamos hace dos o tres meses trabajando y ahora también nos asesorará con el tema de las etiquetas, la parte publicitaria, la parte del márketing y el manejo de las redes sociales para poder ampliar nuestros horizontes y vender más nuestros productos.
Está muy bueno esto que nos estás contando, porque a través de este expertise que tiene la empresa vos podés ampliar tus conocimientos, mejorar y salir a otros mercados…
Exactamente, también es una gran responsabilidad, pero una gran tranquilidad tener gente que sepa tanto asesorándote y ayudándote en tu emprendimiento. Aparte, tener a Caterwest que se dedica a todo lo que es logística y gastronomía, es como que te da ese sello de excelencia si se quiere, de que lo que estas haciendo tiene calidad. Es como que empiezas a ser parte de los estándares que ellos llevan a la alta cordillera y eso también te da mucho orgullo.
A su vez, no solamente Cater te ha brindado el apoyo sino también empresas mineras como Pachón y Los Azules ¿es así?
Sí Leo, tal cual vos lo decís; en los 10 años que llevamos acá trabajando y emprendiendo hemos recibido el apoyo tanto del proyecto Pachón como de la empresa que trabaja en Los Azules. Fuimos beneficiados en una convocatoria para emprendedores y se nos otorgaron los materiales para que pudiéramos cerrar el lugar, para poder atender y mejorar la recepción de turistas. Eso nos fortaleció mucho. También estuvimos trabajando en forma conjunta con la gente de Los Azules, y nos dieron una gran motivación y ayuda para seguir trabajando. Luego terminamos unas cabañitas que tenemos aquí dedicadas al turismo. Esto empezó a principio de año y ya las pusimos en marcha como comentaba antes. Con el apoyo que recibimos de la industria minera pasamos de tener una granja agroecológica a tener una posada donde vendemos y mostramos nuestros productos artesanales. También servimos comidas, no se si lo dije antes, tenemos un restaurante de comidas regionales también aquí en nuestra posada.

Las posadas que actualmente posee la familia de Silvana dedicadas al turismo en Calingasta.
¿Qué sentís Silvana cuando abrís la puerta de tu posada en la mañana y ves lo que han conseguido con tu familia en estos años?
La verdad que siento una satisfacción y una felicidad impresionante. Venimos trabajando y remando mucho con mi esposo, con mi familia y hoy ver la posada, la proyección que tenemos con nuestros dulces, el lugar que hemos podido armar acá en nuestro amado Calingasta, nos llena de emoción y orgullo. Es como cumplir un sueño, porque nosotros vivimos en la Villa de Calingasta, pero nuestro emprendimiento está en la zona de Alto Calingasta, un lugar que muchas veces no está impulsado turísticamente. A su vez, no estamos sobre la ruta, estamos dentro de un callejón, entonces muchas veces la gente nos dice “no sabíamos que estaba esto acá”, o nos empezaron a decir “pongan esto en Google Maps para que la gente se entere”. Algo que se nos complicaba un poco antes porque no teníamos fibra óptica, ahora que ya contamos con eso, también se hace todo un poco más fácil.


¿Y Alexander y Luana, tus hijos, son parte de este emprendimiento familiar? ¿Les gusta?
Claro que son parte, son más parte ellos que nosotros ahora (risas). Ellos obviamente van a la escuela, tiene cada uno sus actividades, pero en el tiempo que tienen nos ayudan mucho. Saben todo el proceso de los dulces, pero lo más lindo es verlos hablar con los turistas cuando llegan a la posada. Les cuentan cómo hacemos los dulces, les dicen qué cerros pueden ir a conocer, cuánto mide el nuevo Cristo, por donde pueden ir para llegar más fácil. Ellos se han vuelto como un reflejo de lo que buscábamos hacer hace 10 años atrás. Y no solo eso, sino que las etiquetas las imprimimos y pegamos por nuestra cuenta, todos nuestros dulces van con un sombrerito que se dedica a hacerlo Luana, que lo recorta y después le ponemos lanitas que son de colores como para identificar los dulces. Ellos saben cuál color lleva el de membrillo el de zapallo, les ponemos juntos las banderitas que les colocamos arriba. Para nosotros es hermoso todo esto que estamos pasando, ya sea desde nuestro emprendimiento, como desde lo familiar.
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