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“Para producir cobre verde, San Juan ya ofrece cal verde”

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Raúl Cabanay, Gerente de Caleras San Juan y secretario de la Cámara Minera de San Juan pasó junto su esposa Nilda Mendoza por el programa “Minería y Voz” el pasado 14 de febrero, día de los enamorados. Una radiografía al sector calero de la provincia en medio de una historia de amor que lleva más de 50 años.

Raúl y Nilda, un placer recibirlos en Minería y Voz. En un día tan especial como hoy 14 de febrero, el Día de los Enamorados, ¿Qué lugar ocupa el afecto en una rutina tan demandante como la minera?

El placer de estar aquí y conversar con vos es nuestro Leo, como siempre. Para mí, la clave está en no limitar el afecto a una fecha en el calendario. Sinceramente, considero que los 365 días del año son el día de los enamorados. La constancia es lo que mantiene todo en pie. (R.C)

Nilda, ¿es realmente así o estamos ante una declaración más bien diplomática?

(Risas) Es así, lo corroboro. Podríamos decir que son 364 días al año, para dejar un margen. Pero en general, él es sumamente atento. De hecho, hoy comencé el día con un excelente desayuno en la cama preparado por él mismo. (N.M)

Un gesto que no es menor: ¿Es una costumbre habitual o una excepción por el festejo Raúl?

Como todos los días. Por eso insisto en que el compromiso es diario. No se trata de pedir algo afuera, sino de hacerlo uno mismo. Llevamos 35 años juntos. Si contamos desde que nos conocemos, ya son 50 años de historia. Por suerte, nos encontramos muy bien, felices y, sobre todo, enamorados. (R.C)

Nilda, tras 35 años de convivencia y en medio de las presiones de la industria, ¿cómo se sostiene esa “mística” del amor a través del tiempo?

Tratamos de festejar siempre. En casa siempre buscamos el espacio para nosotros, para celebrar la relación más allá del trabajo y las obligaciones. Es una construcción constante. Te voy a decir algo: yo creo que el secreto de la felicidad está en ser responsable y comprometido con todo lo que uno hace. Y cuando tu pareja es parte de esa responsabilidad, de ese compromiso, la felicidad generalmente te acompaña. (N.M)

Entrando de lleno en el plano minero ¿Cómo describiría la actualidad que atraviesa hoy la industria de la cal en San Juan?

No estamos en nuestro mejor momento en cuanto a volúmenes de producción. El mercado interno ha estado flojo en los últimos dos años; la industria de la construcción no termina de recuperarse y la siderurgia, una gran consumidora de cal, está muy golpeada por el ingreso de manufacturas de acero chino. Sin embargo, no es una situación alarmante. El sector se ha modernizado y económicamente estamos sólidos, aunque hoy nuestra capacidad de producción supera ampliamente la demanda actual. (R.C)

¿Qué reflejan los números en esa caída en el consumo frente a la capacidad de exportación?

En 2023 vendimos aproximadamente 1.300.000 toneladas, de las cuales 458.000 fueron al exterior. En 2025, el volumen total bajó a 1.100.000 toneladas, pero las exportaciones subieron a 570.000. Es decir, vendimos menos en total, pero el 50% de nuestra producción ya se coloca afuera. Esto demuestra la fortaleza exportadora frente a un mercado interno alicaído que, esperamos, empiece a recuperarse este año. (R.C)

Ante la expectativa por proyectos de cobre como Los Azules, Pachón o Vicuña, surge una duda: ¿Podrá San Juan abastecer esa demanda interna y seguir cumpliendo con el mercado chileno?

Absolutamente. Estamos preparados no solo para el mercado interno, sino para el crecimiento que Chile va a demandar. Chile no tiene buenas calizas ni prevé un crecimiento de su industria propia, por lo que nosotros somos su proveedor natural. Para que se den una idea: San Juan tiene capacidad para producir 2.100.000 toneladas y hoy solo estamos vendiendo 1.100.000. Tenemos un millón de toneladas disponibles “en stock” de capacidad instalada. (R.C)

Nos llega una consulta de un oyente de Sarmiento: ¿Qué tan rápido puede reaccionar la industria si los proyectos mineros arrancan en simultáneo?

Una vez lanzados los proyectos, en menos de 18 meses podemos poner en marcha una nueva unidad productiva. Estamos listos. En nuestro caso particular, hoy estamos operando a poco más del 50% de capacidad. A fines de marzo arrancaremos el Horno 4; no por urgencia actual, sino porque el plan de crecimiento está trazado. (R.C)

Sabemos que el cobre exige estándares de calidad muy altos. ¿Está la tecnología sanjuanina a la altura?

El sector ha invertido muchísimo en tecnología en los últimos años. Somos una industria completamente tecnificada que garantiza la calidad que la minería del cobre requiere. Además, los sanjuaninos contamos con reservas de caliza de alta pureza para centurias. El recurso está, la tecnología también; solo falta que aparezca la demanda. Soy optimista: los momentos buenos van a llegar. (R.C)

Recientemente vimos la inauguración de la planta fotovoltaica de Caleras San juan donde se comenzará a producir “cal verde”. Para los que no tienen mucha idea de lo que significa ¿a qué se refiere este concepto?

Es un concepto de sustentabilidad. Para producir cal necesitamos combustibles —como gas natural o petcock— que hoy son irreemplazables en el proceso térmico, pero también consumimos una enorme cantidad de energía eléctrica. La “cal verde” es aquella que utiliza fuentes renovables para su producción. En nuestro caso, lo logramos a través de nuestra propia planta fotovoltaica. (R.C)

¿Qué alcance tiene hoy esa autonomía energética en su planta y cuáles son los planes de expansión a corto plazo?

Actualmente cubrimos entre el 40% y el 45% de nuestra demanda con energía solar propia. Sin embargo, ya estamos gestionando los créditos para ampliar la planta; esperamos lanzar la obra entre marzo y abril. La política de Calera San Juan es ambiciosa: queremos que el 100% de la energía eléctrica que consumamos sea fotovoltaica. (R.C)

El compromiso ambiental parece ir más allá de la eficiencia en la planta de procesamiento. ¿Cómo planean integrar la electromovilidad en la faena?

El mundo va hacia allá y nosotros ya estamos pensando en el reemplazo progresivo de nuestros equipos, como las palas cargadoras, por versiones eléctricas a medida que el mercado ofrezca facilidades. El plan es que esas máquinas se carguen en nuestra propia planta fotovoltaica. Además de la tecnología, mantenemos un compromiso con el entorno: tenemos un bosque nativo de miles de ejemplares (aguaribay, algarrobo) con sistemas de riego por goteo tecnificados. (R.C)

Se dice que la minería del cobre —clave para la electromovilidad global— exigirá insumos con baja huella de carbono. ¿Es allí donde la cal verde se vuelve estratégica?

Exactamente. Para producir “cobre verde” se necesita cal verde. Es un sello de origen que busca descarbonizar toda la cadena. La minería es una industria sumamente tecnificada que invierte mucho en innovación y esta preocupación hoy está en el tope de las exigencias. Proyectos como Los Azules son ejemplos espectaculares de esta tendencia hacia lo verde. (R.C)

Existe un debate social sobre el impacto de la actividad. Desde su posición, ¿qué rol juegan los grandes capitales mineros en la crisis climática actual?

La industria minera tiene los fondos y la voluntad para generar cambios positivos reales en el planeta. Invierte muchísimo en investigación y desarrollo. Por darte un ejemplo: para cuidar el recurso hídrico, el sector ya está pensando y utilizando agua de mar. En Chile, más del 40% del agua que usa la industria ya proviene del océano. Si analizamos la huella hídrica real, la minería consume muy poco, pero aun así invierte para ser cada vez más eficiente. Es la industria con el capital capaz de cambiar el mundo. Y a su vez Chile tiene este proyecto de dejar de usar agua continental de cara a un futuro no muy lejano. (R.C)

A mí me gusta siempre contar esta historia, porque se va renovando año tras año. ¿Cómo nace la tradición de bautizar a los hornos con nombres familiares?

Es una tradición que nos identifica. Nuestros hornos Maerz, esos que vamos inaugurando y que son el corazón de la producción, llevan nombres de las mujeres de la familia. El primero se llama Nilda como “mi reina”, por mi esposa; el segundo es Ailén, como nuestra hija; el tercero es Luana, mi primera nieta; y el cuarto ya tiene nombre asignado: se llamará Matilda, por mi segunda nieta. Siguiendo esa tradición familiar, el parque fotovoltaico de generación de energía limpia se llama Benicio, por nuestro nieto varón. Ya les advertí a mis hijos: se tienen que apurar con más nietos para los próximos hornos, porque si no el siguiente se va a tener que llamarse simplemente “Horno 5” (risas). (R.C)

Más allá de lo anecdótico, este sentido de “familiaridad”, ¿cómo se traslada a la cultura corporativa y al vínculo con el trabajador en planta?

Se siente mucho. La relación que tenemos con nuestra gente es espectacular y existe un compromiso muy fuerte. Es una cuestión de ida y vuelta: nosotros buscamos ser generosos, nos preocupamos por ayudar y sostener a cada familia con beneficios concretos, y el personal nos retribuye con una responsabilidad admirable en sus tareas. (R.C)

¿Ese es el diferencial de la empresa en un sector tan competitivo como el minero?

Sin duda. Ese cariño que nos brindan cada vez que vamos a la planta es el resultado de una gestión cercana. Hoy mi hijo Germán es quien está en el día a día del trabajo operativo, pero el concepto de que entrar a la empresa es entrar a una familia sigue siendo el pilar de Calera San Juan. (R.C)

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