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TMT: el proyecto iglesiano que abre nuevos caminos en la minería sanjuanina

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Tras cerrar una intensa campaña en Toro, Malambo y Tambo (TMT), el Project Manager, José Esteban “Gote” Gambina, detalla los desafíos de explorar a gran altura en Iglesia, el valor estratégico de abrir huellas mineras desde cero y el escenario actual de San Juan como polo de atracción global para las inversiones mineras.

Le damos la bienvenida a Minería y Voz, el programa oficial de la Cámara Minera de San Juan, a nuestro primer invitado en vivo de hoy: el geólogo José Esteban “Gote” Gambina, Project Manager de Toro Malambo Tambo, más conocido en el sector como el proyecto TMT. Bienvenido, Gote. ¿Cómo estás?

Muchas gracias por la invitación y gracias a la Cámara Minera por otorgar estos espacios. Para quienes estamos en el terreno desarrollando los proyectos, es fundamental poder comunicar el trabajo diario y adelantar las proyecciones de lo que se viene para la minería de la provincia.

El departamento de Iglesia y toda la provincia siguen de cerca el pulso minero. Para entrar en tema, la cordillera ya impone sus condiciones rigurosas de invierno. ¿Cuál es el estatus operativo actual de TMT en la alta montaña?

Actualmente, el proyecto TMT está completamente cubierto de nieve. Debido a las condiciones climáticas extremas en plena cordillera, implementamos lo que en la industria llamamos “winterizar” el campamento; es decir, prepararlo y resguardarlo para resistir el crudo invierno. Por una cuestión estricta de seguridad y para resguardar la integridad de nuestro personal, nuestra ventana de trabajo en el terreno se extiende medianamente desde octubre hasta abril. Al estar en zonas inhóspitas y por la escala actual del proyecto, no podemos asumir el riesgo de extender las operaciones invernales como sí lo hacen proyectos de mayor envergadura e infraestructura, como ocurre hoy en el distrito Vicuña, que operan todo el año.

Gote Gambina, Proyect Manager de TMT.

Eso significa que el invierno cambia el escenario de trabajo, pero la actividad no se detiene para el equipo geológico. ¿En qué consiste esta etapa fuera del terreno?

Así es. El clima nos dicta los tiempos de trabajo de campo, pero el invierno es el momento clave para el análisis de datos, la planificación estratégica y el diseño de la proyección de lo que será nuestra próxima campaña minera.

TMT es un proyecto que despierta gran expectativa en el norte sanjuanino. ¿Cómo evalúa la evolución de las últimas campañas de exploración que han llevado adelante?

Llevamos explorando y desarrollando TMT con éxito desde el año 2023. Históricamente, en la zona existía el proyecto Toro, donde trabajaron empresas hasta el 2013. Cuando ingresamos a través de la empresa australiana Belararox, que es la compañía mandante y dueña del proyecto, unificamos y comenzamos a desarrollar TMT, cuyo nombre surge justamente de las propiedades mineras: Toro, Malambo y Tambo. Armamos el campamento desde cero y abrimos caminos a través de algo más de 35 kilómetros en plena cordillera, con toda la complejidad logística que eso implica. Gracias a esa infraestructura, logramos concretar unos 4.000 metros de perforación diamantina en los sectores de Tambo y Malambo.

Perforar en esas zonas específicas representa un hito técnico importante para el mapeo geológico de la provincia, ¿verdad?

Totalmente. Fueron perforaciones netamente exploratorias en áreas donde jamás se había perforado en la historia de la minería sanjuanina. Previamente, solo existían mapeos regionales y muestreos superficiales de la época de ProMinsa en 2006 y de las operadoras posteriores, pero no había ni caminos ni pozos en esos targets (Malambo y Tambo). Nosotros los habilitamos y los perforamos. Posteriormente, reenfocamos la estrategia para volver a perforar en sectores ya conocidos como Toro Sur y Toro Central, que es donde concentramos las actividades de la última campaña.

Una vez que obtienen los testigos de roca en la cordillera, ¿cómo manejan los tiempos y la estrategia científica para determinar el potencial real del yacimiento?

El proceso inicial depende de la expertise del geólogo en el sitio, quien realiza la descripción litológica, analiza la alteración, la mineralización y genera una estimación visual del potencial del pozo. Sin embargo, la verdad definitiva la otorga la respuesta geoquímica del laboratorio. Actualmente, el flujo de trabajo en el sector es altísimo porque la exploración minera viene creciendo año tras año de forma exponencial. San Juan es hoy, directamente, una de las mecas de la exploración minera a nivel mundial. Esa enorme demanda satura los laboratorios y los plazos de entrega de resultados suelen demorar entre 45 y 60 días. Allí radica la destreza del equipo para definir la estrategia sobre la marcha del campamento: evaluar qué pozo muestra mejores perspectivas visuales para profundizar el área, o cuándo reubicar las máquinas hacia otro objetivo para optimizar la inversión.

Al hablar de un proyecto que genera tanto interés, la pregunta obligada apunta al inventario geológico. ¿Qué es lo que han determinado fehacientemente hasta ahora en TMT en materia de recursos?

En TMT contamos con una delimitación de recursos de carácter histórico que abarca plata, zinc y molibdeno, concentrados específicamente en las estructuras de Toro Central y Toro Sur. Durante la última campaña, nuestro objetivo principal fue revalidar esos valores y recursos en Toro Central, que es uno de nuestros targets prioritarios. El equipo de geología se dedica fundamentalmente a eso: a interpretar y analizar datos. Actualmente estamos interpretando que Toro Central responde a un sistema de sulfuración intermedia, o una transición entre intermedia y baja, según las características de la mineralización observada. En términos numéricos, allí registramos muy buenas concentraciones de plata. Por otra parte, los otros objetivos exploratorios, que son Toro Sur, Malambo y Tambo, los estamos interpretando bajo un modelo genético diferente, más asociado a un sistema de tipo pórfido de cobre.

Es decir, existe una expectativa técnica muy alta. Para el público general que nos escucha, es importante aclarar que esto requiere de un proceso continuo de certificación y reestudio. No basta con realizar una perforación aislada para declarar un yacimiento. Los plazos de la minería son extensos, y más aún cuando la ventana climática invernal acota los tiempos de trabajo.

Absolutamente, las campañas de terreno son cortas. La exploración minera es, por definición, una industria de capital de riesgo elevado, donde las inversiones iniciales son millonarias. Siempre intento ser muy enfático y reiterativo en un concepto clave: una cosa es la explotación minera y otra muy distinta es la exploración. Actualmente, San Juan atraviesa un auténtico auge exploratorio, no de producción. En fase de explotación activa hoy conocemos los casos de Veladero, la reactivación de Casposo y los remanentes de Gualcamayo. El resto de los proyectos provinciales nos encontramos en distintas etapas exploratorias. En el caso particular de TMT, estamos en una fase incipiente; es un proyecto sumamente joven, nuevo. Contamos con sólidos indicios, anomalías detectadas en superficie y mediante estudios geofísicos, sumadas a las perforaciones recientes que nos indican la presencia de un sistema mineralizado en profundidad. Todavía no hemos hallado el núcleo del yacimiento, pero los exploradores siempre trabajamos bajo la premisa del “todavía”. El potencial es nuestra constante, tanto en un informe técnico como en el diálogo diario, porque el fin último es mitigar el riesgo geológico. El porcentaje de no éxito en exploración ronda el 99%; la geología y la mineralización presentan una complejidad tan alta que muchas veces la realidad del terreno desafía por completo las proyecciones iniciales del geólogo.

A esa complejidad geológica natural hay que sumarle factores externos clave: la fluctuación internacional en el precio de los metales, las variables macroeconómicas del país y la atracción de inversiones extranjeras. Es una cadena de factores que debe alinearse perfectamente.

Son múltiples las variables intervinientes para que un proyecto logre avanzar hacia las etapas de factibilidad. Se pueden obtener interceptos de mineralización sobresalientes, pero si no se cuenta con las condiciones geográficas propicias, la infraestructura básica o si la logística de acceso es económicamente inviable, el proyecto se detiene. En alta montaña, operar un campamento implica un desafío monumental. Aunque TMT es considerado un proyecto mediano-chico, nuestro campamento alberga cómodamente entre 55 y 60 personas. Es, en esencia, una pequeña comunidad montada en plena cordillera donde la previsibilidad debe ser absoluta. Si te falta un componente mínimo o un tornillo en el frente de perforación, no tenés opción de salir a comprarlo a la esquina; los centros de abastecimiento industrial más cercanos están a 600 kilómetros de distancia. La planificación de antemano es vital. Por ello, este año en TMT tomamos la decisión estratégica de asumir la gestión directa y al 100% del campamento. Fue una apuesta operativa audaz, pero logramos un balance óptimo en la relación costo-calidad. No subcontratamos empresas externas para catering ni hotelería; contratamos de manera directa a los chefs, al personal de mantenimiento y operamos nuestro propio camión logístico para el ascenso de insumos y el descenso de muestras de roca. Para una empresa de categoría junior como la nuestra, que opera bajo presupuestos acotados (budgets), optimizar cada línea de costo logístico es una prioridad crítica.

Nos llega una consulta de Fernando, un oyente desde el departamento de Iglesia, quien nos pregunta sobre la dotación de personal que emplea TMT y las coordenadas generales de ubicación del proyecto en el mapa sanjuanino.

Geográficamente, el proyecto TMT se localiza en la confluencia del Río La Sal con el Río Taguas. Para mayor referencia cartográfica de la comunidad, nos ubicamos aguas abajo del Cerro Toro, un sitio emblemático conocido por el hallazgo arqueológico de la momia. Estamos situados aproximadamente a 55 kilómetros en dirección noreste de la mina Veladero, en el sector sur del departamento de Iglesia. Respecto a la dotación y el empleo, me resulta oportuno destacar que, en sintonía con la reorganización de la actividad minera que promueve la provincia, hemos tomado la decisión corporativa de generar un impacto socioeconómico real y directo en el departamento. Para ello, establecimos nuestra base operativa técnica y logística en una propiedad en la localidad de Rodeo. Actualmente, el equipo geológico se encuentra asentado trabajando allí. Nuestro esquema para la próxima campaña contempla descentralizar las operaciones: el campamento en la alta cordillera quedará reservado exclusivamente para el personal técnico de las empresas contratistas de perforación y de movimiento de suelos. Toda la labor de gabinete técnico, el logueo de testigos y la sala de corte de muestras se ejecutarán directamente en Rodeo. Esto transforma radicalmente la sinergia con la comunidad, ya que priorizamos la contratación de servicios locales y la adquisición de insumos comerciales directamente en Iglesia.

Es una decisión sumamente acertada desde la perspectiva del valor compartido. Insertar la estructura técnica del proyecto en Rodeo permite que el vecino de Iglesia se incorpore a la dinámica productiva de la minería y conozca de primera mano el desarrollo del proyecto. Para cerrar, fuera de micrófono comentábamos un tema de estricta actualidad institucional y geopolítica: el reclamo de la provincia de La Rioja respecto a una presunta revisión de los límites fronterizos en la zona minera del norte. Más allá de las valoraciones políticas, los límites geográficos locales están ratificados por leyes nacionales históricas de plena vigencia. ¿Cuál es la lectura técnica desde la geomorfología del terreno?

Desde el punto de vista eminentemente geográfico y técnico, el límite no está trazado sobre una línea imaginaria o arbitraria. Existe un accidente geográfico y fisiográfico contundente que es el Río Blanco. Es una barrera natural y un rasgo geomorfológico nítido que actúa históricamente como el límite fisiográfico real que divide las jurisdicciones de San Juan y La Rioja en la cordillera.

Desde tu rol como profesional que lidera un proyecto sanjuanino en Iglesia, ¿cómo se percibe en el día a día operativo esta discusión pública e informativa sobre las intenciones de La Rioja de revisar los límites en distritos de clase mundial como Vicuña? ¿Preocupa que este tipo de reclamos puedan replicarse en otros proyectos de la frontera provincial?

Hablando estrictamente a título personal y no como Project Manager de TMT, considero que se trata de una estrategia de carácter mediático y político. El argumento central del gobierno riojano es que estructuras mineralizadas de alta ley como Lunahuasi o José María tienen continuidad geológica hacia su territorio. Frente a eso, la respuesta técnica es simple: la solución es que exploren. Tuve la oportunidad de trabajar en José María y en Filo del Sol; conozco muy bien el área de Lunahuasi y la he recorrido a pie. De hecho, cuando operábamos en José María exploramos un sector denominado Cumbre Verde, que constituye el límite sur de Lunahuasi. En ese entonces, Lunahuasi aún no iniciaba sus campañas de perforación; caminábamos el terreno y veíamos sus máquinas a la distancia. Pude observar los primeros testigos de esos pozos exploratorios extraordinarios antes de que se hiciera público el descubrimiento. Es un hecho geológico muy probable que las estructuras mineralizadas continúen hacia el territorio riojano, pero eso de ninguna manera modifica la soberanía jurisdiccional.

Claro, la geología no borra los límites políticos ni las leyes vigentes de cada territorio.

Exacto. Existe un límite fisiográfico definitivo ratificado por ley que es el Río Blanco, el cual determina con absoluta claridad dónde empieza y termina cada provincia. Si la riqueza minera cruza esa línea hacia La Rioja, existe una sola vía científica para certificarlo y ponerlo en valor: la inversión en exploración. Por eso resulta contradictorio que una jurisdicción mantenga una postura legislativa y cultural restrictiva hacia la actividad minera —donde no se permite explorar ni explotar— pero que, simultáneamente, pretenda reclamar regalías o participación sobre recursos de un proyecto que San Juan viene desarrollando con inversión de riesgo desde hace más de dos décadas. La invitación al pueblo riojano, con quienes somos vecinos directos, es a desarrollar la actividad. Si uno se posiciona en José María y mira hacia el frente, observa el glaciar El Potro; lo que separa ambos territorios es la llanura de un río. El potencial geológico está, pero la minería no existe sin exploración.

Ese punto es neurálgico. Si hoy San Juan se consolida como el polo de atracción global más importante para el cobre, el oro y la plata, es el resultado directo de sostener una política de exploración sistemática a lo largo de los años.

San Juan ha sostenido un trabajo exploratorio continuo en numerosos proyectos durante mucho tiempo. Y a pesar de este avance, la provincia todavía cuenta con un enorme territorio virgen con un potencial geológico monumental por descubrir. El debate de fondo trasciende lo técnico y entra en el plano de las decisiones políticas y culturales de cada administración gubernamental respecto al modelo de desarrollo e industria que desean impulsar. Entiendo y respeto que provincias vecinas como La Rioja o Mendoza posean matrices productivas o improntas culturales distintas y decidan no avanzar en la exploración minera; cada gobierno es soberano de sus decisiones. Sin embargo, si institucionalmente se está en contra de una actividad económica, resulta incoherente pretender beneficiarse del esfuerzo, el riesgo y el desarrollo industrial que genera la provincia vecina. Considero que es una narrativa de coyuntura política.

Confiamos en que prevalecerá la seguridad jurídica y el marco legal que rige el país. Cambiando de tema y repasando las novedades institucionales, a comienzos de este año se informó que la operadora sumó una nueva concesión denominada “El Faro”. ¿Qué valor estratégico aporta esta incorporación al bloque de TMT?

Efectivamente, incorporamos un cateo colindante al sector sur de Toro con el propósito de consolidar y cerrar el bloque de propiedades mineras de TMT desde una perspectiva estrictamente estratégica y geológica. Mientras ejecutábamos las perforaciones en Toro Sur, identificamos que El Faro era la pieza de propiedad minera necesaria para dar continuidad y cohesión a los objetivos del proyecto. La visión de la compañía mandante, Belararox, es continuar expandiendo su presencia y crecimiento en Argentina. Si bien hoy nuestro activo principal es TMT, evaluamos de forma constante nuevas áreas y prospectos en la región para iniciar fases de exploración y desarrollo. Insisto siempre en la importancia de educar sobre los tiempos de la industria: TMT se encuentra hoy en una fase de exploración y, si los resultados geoquímicos siguen siendo favorables y las variables macroeconómicas acompañan, al proyecto le restan como mínimo 20 años de estudios técnicos antes de poder proyectar una etapa de explotación o construcción de mina.

Es una aclaración fundamental para calibrar las expectativas de la comunidad. La fase exploratoria genera valor y conocimiento científico de forma sostenida en el tiempo mucho antes de que exista una mina activa.

Totalmente. La exploración permite generar empleo de alta calificación, contratar proveedores locales y dinamizar la economía mediante salarios que, como es de público conocimiento en el sector minero, se ubican sustancialmente por encima del promedio general del mercado. Sin embargo, es vital diferenciar los proyectos exploratorios de los anuncios de mega-infraestructura. Es común ver noticias sobre el inicio de construcción en proyectos masivos como José María o Filo del Sol que prevén la contratación inmediata de miles de operarios para sus plantas. La escala de una empresa junior en fase de exploración incipiente es distinta. En nuestro caso, operamos con contratos a plazo fijo adaptados a la ventana climática de la campaña cordillerana. Nuestra dotación de empleo directo oscila de forma regular entre los 22 y 24 puestos de trabajo técnico. Transparentar estos datos es un ejercicio de responsabilidad para que la comunidad comprenda el comportamiento real de cada etapa del ecosistema minero.

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