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Datos, talento y ROI: los tres pilares para que la minería sanjuanina lidere la revolución digital

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José Olano Melo, director de Instituto Argentino de Inteligencia Artificial (INARIA), analiza los cuellos de botella que dilatan la transformación digital en el sector industrial. Una hoja de ruta para pasar de los “pilotos” a resultados reales en la cadena de valor minera.

José, llevamos un par de años bajo un bombardeo constante sobre Inteligencia Artificial, pero al recorrer las empresas todavía vemos que el impacto real todavía es bajo. ¿Dónde está fallando el sistema?

Tenés razón, muchas veces en este tema hay mucho ruido y pocas nueces todavía. Desde INARIA venimos analizando esto y el problema no es la tecnología en sí, sino las estructuras donde se intenta aplicar. Hoy, casi el 50% de los proyectos de IA no logran salir de la fase de prototipo. Quedan truncados. No es que la IA no funcione; es que las empresas intentan aplicarla como si fuera un “parche” de software y no como una transformación integral de su infraestructura.

Hablaste de algo que es muy importante en las operaciones o exploraciones mineras: la calidad de los datos. ¿Es ese el principal enemigo de un buen algoritmo?

Sin duda que sí. La IA se alimenta de datos reales, pero si esos datos están desordenados, sesgados o incompletos -lo que llamamos baja calidad de datos-, el resultado puede ser desastroso. Un agente de IA con malos datos toma malas decisiones o genera “alucinaciones”. Esto provoca que el 30% de los proyectos fracasen simplemente porque el cimiento sobre el que se construyeron estaba mal versionado. Para que la IA funcione en un yacimiento o en una planta, los datos deben estar limpios y bien entrenados.

José Olano Melo.

Muchas empresas o personas también siguen pensando que la IA es una app que pueden bajar al celular o a la compu: ¿Qué les dirías sobre la inversión en infraestructura?

En realidad, ese concepto es un error bastante común. Jugar con un modelo de lenguaje en el teléfono es una cosa; implementar un proyecto industrial es otra. La IA requiere una inversión seria en seguridad de datos, licencias e infraestructura. En las Pymes por ejemplo vemos mucho “parche” heredado por una cuestión de costos, pero la IA no admite parches. Requiere una visión integral. Si no invertís en la base, terminás gastando más en reprocesar documentos y mantener algoritmos que, al final, nadie termina usando.

Hablemos del factor humano. ¿Por qué insistís en diferentes notas en que hay una “brecha de talento” y que este no es solo un tema de la gente de sistemas?

Porque solemos cometer el error de enviarle el proyecto de IA al departamento de Informática o a Recursos Humanos como si fuera un cambio de software más. Y es mucho más complejo. Necesitamos perfiles que entiendan toda la cadena de valor del proyecto. Desde INARIA trabajamos hace un año y medio en cerrar esa brecha, formando perfiles tecnológicos que hoy el sistema tradicional no ofrece. La IA debe ser entendida por la gerencia, por los operativos y por los técnicos de forma transversal.

Para gran parte del empresariado la pregunta es: “¿Cuándo recupero la inversión?”, ¿Por qué es tan difícil ver el ROI en la IA?

Creo que ahí has dado en el cuarto punto crítico. Hoy la falta de claridad sobre el Retorno de Inversión (ROI) hace que muchos dueños de empresas o gerentes vean los resultados como algo ambiguo. Si el impacto no es cuantificable desde el inicio, el proyecto muere en la fase piloto. Hay que dejar de experimentar por experimentar y empezar a diseñar proyectos donde el beneficio -ya sea ahorro de costos, seguridad o eficiencia- sea claro desde el día uno.

¿Cómo puede San Juan, a través de sus organismos y el sistema científico-tecnológico, aprovechar el ecosistema de INARIA y VINTECAR?

La clave ante todo es la vinculación. Nosotros funcionamos bajo la Ley 23.877 como una unidad de vinculación tecnológica sin fines de lucro. Nuestra misión es ser el puente. Invitamos a las entidades de San Juan a que nos vean como un socio estratégico para asistencia técnica e innovación. No queremos que las empresas sigan intentando “adivinar” cómo usar la IA; queremos ayudarlas a implementar modelos validados, monitoreados y entrenados por expertos, para que esa transición digital sea un salto de competitividad real y no un gasto innecesario.

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