En esta entrevista exclusiva para el programa radial de la Cámara Minera de San Juan, Agustina Gueglio explica cómo la Inteligencia Artificial ya agiliza los procesos del proyecto Los Azules, la importancia de la capacitación comunitaria en Calingasta y por qué la tecnología es una aliada para potenciar la creatividad de los trabajadores.
Agustina, sos egresada de la Facultad de Ingeniería de la Universidad Nacional de San Juan y decidiste especializarte en Big Data en Barcelona. En un mercado global tan competitivo, ¿cómo fue la decisión de armar las valijas y pegar la vuelta a San Juan? Imagino que ofertas para quedarte afuera no te faltaron.
Allá el crecimiento profesional es tremendo, pero mi meta siempre estuvo clara. Cuando estudiaba en la UNSJ, las becas para el exterior se cancelaron por la pandemia. Al egresar, supe que era el momento de salir, conocer cómo se trabaja en el mundo y crecer en lo personal. Pero la idea siempre fue volver y traer ese conocimiento. En San Juan hay un potencial enorme y muchísimo por hacer.
Pensemos en el vecino que nos escucha en Sarmiento, Ullum, Albardón o en las comunidades de Iglesia y Calingasta. ¿Cómo se baja a la tierra la Inteligencia Artificial (IA) en un proyecto minero como Los Azules?
No es tan mágico como apretar un botón y usar una herramienta de IA. Requiere estrategia. Hay que aprender a usarla, saber cuándo conviene y entender sus limitaciones. En Los Azules empezamos detectando casos sencillos y de bajo riesgo, lo que en gestión llamamos Quick Wins (ganancias rápidas). Buscamos que el personal viera el valor agregado real de la herramienta en el día a día. El cambio cultural es el verdadero desafío; hay trabajadores que hacen las cosas de una misma forma hace años y no es fácil que venga alguien a decirles que se puede mejorar.
Es el valor de optimizar el tiempo, precisamente.
Exacto. Se trata de mostrarles que, si reducimos el tiempo que antes perdían cargando datos manualmente, pueden usar esas horas para analizar, planificar y ser más creativos en sus respectivas áreas.
Llevémoslo a la práctica para que el lector lo dimensione. ¿Qué proceso concreto ya mejoraron en el proyecto gracias a esta tecnología?
El primer paso fue capacitar a los equipos de distintas áreas. No fuimos a imponerles un sistema, sino a enseñarles qué hace la herramienta. A partir de ahí, ellos mismos identificaron dónde la necesitaban. Así automatizamos, por ejemplo, el envío de pagos a proveedores, órdenes de pago y retenciones. Con el volumen actual de Los Azules, un empleado administrativo pasaba toda la mañana —unas cinco horas— descargando archivos, armando correos y subiendo documentación. Hoy, mediante un flujo automatizado, el proceso se ejecuta en apenas media hora.

Agustina Gueglio brindando el curso de IA que el Proyecto Los Azules desarrolló en Calingasta.
Una reducción drástica de tiempo y, sobre todo, un blindaje contra el error humano…
Totalmente. Evitás olvidarte de un archivo o tipear mal un nombre tras horas de rutina visual.
Mirando el escenario general de la provincia, ¿qué habilidades consideran clave que desarrollen hoy los jóvenes sanjuaninos para subirse a esta ola tecnológica?
El acceso al conocimiento está democratizado. Hace poco les decía a los chicos en Calingasta que aprovechen las oportunidades de capacitarse, hagan cursos y exploren herramientas de IA generativa como ChatGPT, Claude o Gemini. Hay un ecosistema enorme de aplicaciones disponibles; el secreto está en perderles el miedo y empezar a implementarlas.
Cuando hablás con los chicos que están estudiando o que dan sus primeros pasos, ¿qué es lo primero que les recomendás para abordar la IA? ¿Por dónde se empieza?
Lo primero es entender que depende mucho del camino profesional que elijan, pero hay una regla general: conocer sus limitaciones. Hay que grabarse a fuego que la IA no siempre dice la verdad; son modelos predictivos que calculan cuál puede llegar a ser la mejor respuesta. Para mí la clave es entender el trasfondo, saber cómo opera internamente. No se trata simplemente de preguntarle algo y copiar lo que contesta.
Claro, entender la lógica detrás de la pantalla para saber qué exigirle.
Exacto. Cuando entendés cómo funciona, sabés qué podés pedirle y qué no, dónde puede estar fallando y en qué tareas específicas te va a ahorrar tiempo. Yo misma sigo haciendo cursos todas las semanas. Esto avanza tan rápido que te obliga a estar en constante aprendizaje y crecimiento. No te podés quedar.
Pensando en la magnitud de un yacimiento de clase mundial como Los Azules y su proyección a futuro, imagino que para la empresa esto no es una moda, sino la obligación de estar en la vanguardia tecnológica de manera permanente.
Totalmente. Por eso otra recomendación central que hago en la empresa es ver a la IA como un colaborador y no adoptar un rol de usuario pasivo. La herramienta no va a hacer tu trabajo. Está para dar soporte, procesar un volumen masivo de variables a una velocidad que para nosotros sería imposible y ofrecerte un análisis sólido. Es, literalmente, un cerebro extra para el equipo.

Hace poco conversábamos con Cynthia Marchetti (Head of Exploration de Fortescue para América) tras su paso por el World Mining Congress. Ella coincidía en que el foco actual es desarrollar al grupo humano que usa la IA. Necesitamos equipos interdisciplinarios e intergeneracionales. Y se presenta un reto: no es lo mismo capacitar a un profesional senior de 60 o 70 años que a un joven de 20.
Sin dudas, son mundos y lógicas totalmente distintas. Pero fijate qué importante es esto en la minería, sobre todo en el área geológica. La geología maneja bases de datos monstruosas, con infinitas variables y correlaciones. Un geólogo senior con 20 o 30 años de experiencia en el terreno tiene un conocimiento empírico invaluable que la máquina jamás va a replicar. Sin embargo, las limitaciones humanas de tiempo hacen imposible que procese millones de datos históricos en un segundo. Ahí es donde la IA entra como “una opinión más” para cruzar información.
Una opinión técnica clave que termina definiendo el rumbo de un proyecto…
Nada menos que la toma de decisiones y el destino de las inversiones. Hablamos de definir si se invierte o no en un área. Por eso insisto en que no es soplar y hacer botellas, ni imprimir el primer informe que tira la máquina y mandarlo al directorio. Hay que saber usarla con estrategia.
Llevémoslo a un ejemplo cotidiano de oficina para entender esa “estrategia” de uso.
Es muy simple. Si le cargás a un modelo de IA un informe técnico o un documento de 100 páginas de golpe, lo más probable es que no lo procese completo o pase por alto detalles cruciales. Hay que aprender a interactuar: dividí el documento por capítulos o unidades, andá dándole la información por partes y sumando contexto. En la empresa a veces veo que me dicen: “Le tiré esto rápido para que me lo analice y no me sirvió”. Y yo les pregunto: “¿Pero le diste contexto? ¿Le explicaste qué querías extraer, de qué trata el proyecto y hacia dónde apuntás?”. Si no guiás a la herramienta, el resultado va a ser genérico o erróneo. El criterio sigue siendo nuestro.
Hoy se habla mucho de la “Ingeniería de Prompts”, es decir, el arte de saber estructurar las órdenes que le damos a la máquina. Incluso ya existen carreras enfocadas exclusivamente en eso. ¿Cómo ves este fenómeno?
Es real que existen, aunque no coincido mucho con que una carrera se dedique únicamente a eso; el panorama debe ser más amplio. Lo que sí es indiscutible es la importancia de saber usar el lenguaje para comunicarte con la IA. Modelos como Claude o ChatGPT, si les mandás un documento larguísimo de golpe, tienden a leer el principio, se pierden un poco en el medio y saltan al final. El detalle fino lo perdés. Por eso insisto en que el usuario debe tomarse el tiempo de dividir la información, analizar parte por parte y guiar la herramienta. Lleva tiempo, no te resuelve todo de forma mágica, pero cuando aprendés a guiarla se logran cosas fabulosas.

Uno de los puntos más altos de tu gestión en Los Azules es el contacto con la comunidad. ¿Cómo fue la experiencia de pararte frente a los vecinos de Calingasta y Barrial para dictar estos talleres de Inteligencia Artificial?
Fue hermoso y muy gratificante. De hecho, estuvimos en Barrial hace un par de semanas y los talleres continúan. Al principio la propuesta estaba destinada a chicos de entre 16 y 18 años, pero la convocatoria se desbordó por el propio interés de la gente. Empezaron a caer profesores y adultos que querían aprender a usar estas herramientas no solo para estudiar, sino para aplicarlas en sus respectivos trabajos actuales. Ver el entusiasmo de la comunidad y notar cómo se les ocurrían mil ideas que antes ni imaginaban para sus emprendimientos o tareas diarias fue espectacular.
San Juan camina a paso firme hacia la era del cobre y los yacimientos de escala mundial. ¿La Inteligencia Artificial es un jugador de la cancha o es el director técnico de la minería del futuro?
Es un jugador fundamental, es la minería del futuro propiamente dicha. Imaginemos una mina de cobre en plena operación: extrae y genera millones de datos por segundo provenientes de las trituradoras, de las plantas y de miles de sensores distribuidos en el yacimiento. Para procesar ese volumen de información y automatizar procesos eficientemente, la Inteligencia Artificial va a ser estrictamente necesaria.
El otro día observaba el funcionamiento de una planta mediante un “Gemelo Digital”, que es una réplica virtual exacta del proyecto en tiempo real. Es impactante cómo te permite procesar, entender y hasta presentar la operación en cualquier parte del mundo.
Exacto. Hoy podés tener el modelo geológico o el modelo de la mina y, gracias al gemelo digital, visualizarlo todo como si estuviera construido y operando frente a tus ojos. Además, cuando la gente piensa en IA suele limitarse a ChatGPT, pero la IA abarca modelos predictivos entrenados para la seguridad laboral. Por ejemplo, sistemas de cámaras capaces de monitorear un área, detectar riesgos de manera autónoma y activar alarmas al instante. Es aplicable a todos los rubros del proyecto y va a seguir creciendo.
Históricamente, la minería ha sido la industria madre que tracciona y financia la llegada de las grandes tecnologías que luego adopta la sociedad. Una vez más, la historia se repite en San Juan.
Totalmente de acuerdo. La minería empuja la frontera tecnológica y Los Azules es el reflejo de que el futuro ya se está construyendo acá, con profesionales sanjuaninos y de la mano de nuestras comunidades.
Pensando en la gran masa de estudiantes de la UNSJ y de otras universidades que nos escuchan, y que a futuro sueñan con insertarse en la minería, ¿cuál sería tu consejo desde la experiencia, considerando que vos no venías de tradición minera?
El consejo clave es que estudien la profesión que sea, porque no hace falta ser estrictamente ingeniero para entrar a este mundo; se necesitan especialistas de todas las áreas, por ejemplo, de finanzas. Pero, en paralelo, les recomiendo armar un “perfil en T”: esto significa tener mucha profundidad en lo que te apasiona de tu carrera, combinada con una base ancha de conocimiento en la parte digital. No esperen a terminar la facultad para decir: “Bueno, ahora quiero aprender a usar la IA o a automatizar”. Háganlo mientras cursan, es el mejor momento.
Ir sembrando el terreno mientras se avanza…
Totalmente, porque además te ayuda a conocerte y saber qué te gusta y qué no. Durante la carrera yo hice una diplomatura en marketing, trabajé un tiempo en eso y descubrí que no era mi camino. Esas búsquedas te definen. No se queden con los brazos cruzados esperando el título; vayan mixeando la formación tradicional con la digital.
Se tiende a pensar que para estar en el sector hay que tener una meta fija desde la adolescencia. En tu caso personal, ¿siempre estuvo en los planes entrar a la minería?
Para ser sincera, nunca estuvo en mis planes. Las cosas se fueron dando de manera natural. Antes de irme a Barcelona trabajé en la industria del agro, allá en España estuve en el sector farmacéutico y luego pasé por una consultora para el sistema bancario. Tuve una gran diversidad de experiencias.
Al final, todo ese bagaje tan variado te dio una perspectiva única que hoy volcás en Los Azules. Todo suma.
Sí, totalmente. Por momentos la pasé mal, lloré y pensé que esas experiencias no eran para mí, pero hoy las agradezco un montón. Te nutren muchísimo. Por eso le digo a los jóvenes que no bajen los brazos; si algo no les gusta, cambien de rumbo, porque el camino se termina encontrando. En mi caso, el equipo de Recursos Humanos de Los Azules tuvo la confianza de llamarme y hoy disfruto mucho este presente.

Agustina, un lujo tenerte acá. La Inteligencia Artificial llegó para quedarse y contar con profesionales que puedan bajarla al llano y explicarla con tanta claridad es fundamental para San Juan. Gracias por venir.
Al contrario, muchísimas gracias por la invitación y por el espacio para poder conversar sobre lo que estamos haciendo.







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