En una entrevista exclusiva en el programa “Minería y Voz”, el responsable de ART del Castaño Minero detalla la complejidad de los exámenes para alta montaña y el rol fundamental del seguimiento médico para garantizar operaciones con riesgo cero.
Muchas veces se percibe al departamento médico o de ART como un simple trámite administrativo. ¿Cómo se logra transformar ese cumplimiento normativo en un valor estratégico para una operación minera?
Es una percepción que ha cambiado drásticamente, especialmente en la industria minera. Hace años, el servicio médico era visto meramente como un requisito legal. Hoy, gracias a una gestión profesional, hemos logrado instaurar que nuestro rol es netamente preventivo. El valor estratégico reside en garantizar la continuidad de la operación a través de la salud: nuestra función es que el operario no se enferme o se accidente, o que el impacto sea el mínimo posible. Para lograrlo, no podemos estar detrás de un escritorio; debemos estar en el terreno, conociendo el puesto de trabajo y la actividad real para mantener el empleo sano.
Existe una vieja filosofía médica que decía que al médico se le pagaba mientras el paciente estaba sano, y se le dejaba de pagar cuando enfermaba. ¿Es esa la lógica que aplica hoy a la medicina ocupacional?
Exactamente. La medicina ocupacional cumple una función preventiva por excelencia. Nuestra meta es que el trabajador que ingresa a un proyecto se mantenga lo más sano posible a lo largo de su carrera y, fundamentalmente, que el trabajo no lo enferme. El concepto es claro: el operario debe entrar sano y debe salir sano. Ese es nuestro indicador de éxito.

Matías Valenzuela, médico responsable de ART del Castaño Minero.
Hablemos del “apto minero”. ¿Qué es lo que realmente se evalúa en un examen preocupacional hoy en día y por qué es tan riguroso?
El examen minero es sumamente amplio debido a los riesgos específicos del sector, especialmente por el factor de la altura geográfica. Partimos de un examen básico que exige la ley para cualquier industria, pero le sumamos una batería de estudios especializados según la tarea y el riesgo. En alta montaña evaluamos desde un electrocardiograma y análisis de laboratorio completos, hasta electroencefalogramas, estudios auditivos profundos y revisiones odontológicas. No dejamos nada al azar porque el entorno es exigente.
Muchas veces existe el temor de que un resultado negativo en estos exámenes signifique quedar fuera de la industria. ¿El “no apto” es definitivo o funciona como una alerta para el trabajador?
Es importante aclarar esto: el examen no busca discriminar. Si detectamos una patología, no necesariamente es un “no” rotundo. Lo que hacemos, en coordinación con los proyectos, es informar al trabajador, derivarlo al especialista y, una vez que la patología está tratada y estabilizada, si los indicadores médicos lo permiten, esa persona puede trabajar en altura. Por supuesto, hay criterios de seguridad lógica: si alguien tiene una afectación visual severa, no puede operar un camión fuera de ruta por su propia seguridad y la de sus compañeros. Siempre evaluamos la salud en función de la tarea específica que el trabajador va a desempeñar.

Castaño Minero presente en la Expo San Juan Minera 2026.
El seguimiento de salud en minería parece un desafío logístico enorme, especialmente cuando pasamos de la clínica en la ciudad a una mina en operación a miles de metros de altura. ¿Cómo coordinan ese control a tanta distancia?
La clave es la comunicación simbiótica. Todo proyecto minero en operación cuenta con su propio servicio médico interno. Nuestra coordinación desde el servicio de medicina laboral de la Clínica El Castaño con esos equipos en terreno es fundamental. Cuando detectamos cualquier hallazgo en un examen preocupacional, lo comunicamos de inmediato a los médicos del proyecto. Al final del día, es el médico de la mina quien tiene la última palabra y otorga el apto final, porque es quien conoce el día a día del entorno operativo.
Entonces, ¿funciona como una especie de interconsulta permanente entre la ciudad y la montaña?
Exactamente. Es un diálogo constante. Si nosotros detectamos, por ejemplo, que un trabajador tiene un poco de sobrepeso o la presión algo elevada, lo conversamos con el equipo del proyecto y coordinamos el seguimiento. Le conseguimos turnos con especialistas, le hacemos los estudios necesarios y monitoreamos su evolución hasta que esté en condiciones óptimas para subir. Hoy los proyectos mineros tienen todo protocolizado: existen diferentes grados de aptitud, como el “apto para autoconservación” o el “no apto temporal”, dependiendo de los valores médicos que arrojen los estudios.
Usted mencionaba que la ventaja de la clínica es poder resolver casi todo en un solo lugar. ¿Qué importancia tiene esto para la eficiencia de las empresas mineras?
Es un valor diferencial absoluto. En la clínica brindamos una atención integral que va desde lo primario hasta lo terciario; es decir, desde la prevención inicial hasta la rehabilitación de alta complejidad. Para una empresa minera, que nosotros podamos hacer todo en un solo lugar —con el equipamiento y los medios adecuados— garantiza un tratamiento precoz y una reinserción laboral mucho más rápida. Cubrimos todo el ciclo: desde el chequeo previo a subir a la mina hasta una eventual intervención quirúrgica y su posterior rehabilitación. El operario nunca pierde la continuidad de su atención.

Hablando de continuidad, me imagino que la tecnología juega un rol vital. ¿Existe hoy una “historia clínica minera” que se pueda consultar en tiempo real desde cualquier punto?
Así es, hoy todo está digitalizado. Tenemos acceso a la misma información tanto en la clínica como en el proyecto. Especialmente en el área de ART, cuando ocurre un accidente de trabajo, todo se carga en una plataforma digital. Cada consulta, cada evolución y cada procedimiento realizado se refleja en el sistema en el mismo día. Esto nos permite tener una trazabilidad total: sabemos exactamente qué le pasó al trabajador en el proyecto y qué se le está haciendo en la clínica minuto a minuto. Es, efectivamente, una historia clínica minera en tiempo real.
En la práctica, ¿cómo funciona la logística ante una urgencia? Por ejemplo, si a un trabajador le sube la presión en la mina, ¿cuál es el protocolo para coordinar ese descenso desde la montaña hasta la clínica?
El médico que está en el proyecto es quien toma el control inicial. Él indaga las causas, monitorea al paciente y decide las condiciones del descenso: si puede bajar en una camioneta o si requiere una ambulancia. En los proyectos donde operamos solemos tener dos ambulancias disponibles arriba. Si es necesario, coordinamos un “punto de encuentro” intermedio. Nosotros salimos desde la clínica con nuestro equipo y nos encontramos con la ambulancia que viene de la mina para completar el traslado. La comunicación es constante para que, cuando el paciente llega a la clínica, ya tengamos todo listo para su atención específica.
Usted lleva 17 años en la medicina laboral. Con esa trayectoria, ¿siente que la minería obliga a la medicina a elevar sus propios estándares o es la medicina la que potencia a la industria?
Sin duda, la industria minera te empuja a un nivel que casi ninguna otra industria exige. Te obliga a trabajar bajo estándares de prevención altísimos y a hacer las cosas de la manera correcta en cada paso, desde que el operario pone un pie en la mina hasta que entra al consultorio. Lo más valioso es que ese nivel de vanguardia que aprendemos en minería, después lo replicamos en otros sectores a los que les cuesta más entender nuestro rol. La minería tiene muy claro qué es la higiene, la seguridad y la salud; eso nos obliga a estar siempre actualizados.

Es un “efecto cascada” que termina beneficiando a todo el sistema de salud de la provincia.
Exactamente. Y hay algo importante que rompe con ciertos mitos: a diferencia de lo que muchos creen, la minería no tiene un índice de siniestralidad alto. De hecho, es mucho menor que en otros rubros. ¿Por qué? Por el rigor de los protocolos. Si bien un accidente minero puede ser más grave por el entorno, la probabilidad de que ocurra es baja debido a la cultura de seguridad.
Es cierto, en pocos trabajos se tiene una charla de seguridad obligatoria todos los días antes de empezar la jornada.
Es que en minería la seguridad es un hábito presente todo el tiempo. Todos los días se refuerzan los conceptos, no porque se olviden, sino porque el trabajador debe tenerlos presentes en cada movimiento. Esa disciplina es la que nos permite decir que, hoy por hoy, la minería es uno de los entornos laborales más controlados y seguros para el trabajador.

En esta misión de mantener sano al trabajador, los hábitos de vida son determinantes. Para quien sueña con una carrera larga y saludable en la minería, ¿cuáles son esos “tips” o pilares básicos que debe cuidar?
En la minería aplicamos programas de salud que yo trato de replicar en cualquier otra industria. Los pilares son claros: alimentación saludable, control del tabaquismo y otras adicciones, actividad física y evitar el consumo de alcohol. Lo interesante de un proyecto minero es que, al tener al trabajador allí las 24 horas, el acompañamiento es mucho más efectivo que en una empresa de ciudad donde el operario cumple 8 horas y se va. Aquí podemos educarlo y acompañarlo de cerca, haciéndole entender que cada herramienta que le damos es por su propio bien. Siempre les digo a los chicos: si sufren una discapacidad por no cuidarse, les será muy difícil reinsertarse. Nosotros estamos para darles las herramientas, pero el autocuidado es su responsabilidad.
Es un trabajo integral. ¿Existe una coordinación real con otras áreas, como los servicios de catering o los gimnasios del proyecto?
Totalmente. Es un trabajo interdisciplinario. Si detectamos operarios con sobrepeso, nos sentamos con los nutricionistas del proyecto para adecuar su dieta diaria allí arriba. Lo mismo sucede con la actividad física: coordinamos con los profesores de gimnasia de la mina para ajustar las rutinas a las necesidades de cada paciente. Y si el proyecto no cuenta con esos servicios en el sitio, en Clínica El Castaño lo resolvemos abajo con nuestro propio staff de nutricionistas, kinesiólogos y especialistas. El objetivo es que el tratamiento no se interrumpa nunca.

Estamos en un momento de gran expectativa con la industria, con eventos como la Expo Minera donde miles de personas buscan una oportunidad. Muchos sienten temor de que un problema de salud, como una hernia o presión alta, les cierre las puertas en el examen preocupacional. ¿Qué mensaje les daría?
El mensaje principal es: no se limiten por miedo. El apto médico se evalúa siempre en función del puesto de trabajo. No es lo mismo alguien que va a realizar tareas de esfuerzo en la alta montaña que alguien que trabajará en una oficina en la ciudad. Tenemos muchísimas personas diabéticas o hipertensas que están trabajando en mina sin problemas porque sus patologías están controladas y medicadas. Si una enfermedad está bajo control profesional, el trabajo se puede realizar perfectamente.
Una excelente noticia para cerrar, Matías. Además, nos comentabas que el departamento médico de la Expo Minera estará a cargo de El Castaño Minero, así que allí estarán presentes.
Así es, allí estaremos para brindar todo el soporte médico necesario y seguir cerca de la familia minera en San Juan.
Existe un temor común que lleva a muchos postulantes a cometer un error en la primera etapa: omitir información. En su experiencia, ¿qué tan grave es faltar a la verdad en la declaración jurada del preocupacional?
Es un punto crítico. Todo examen preocupacional comienza con una declaración jurada y, lamentablemente, muchas veces la gente miente por miedo. Pero esa mentira no es una buena estrategia porque, tarde o temprano, la afección salta en los estudios. Omitir una cirugía de hace 20 años o una lesión vieja no es una excusa válida. El mensaje para el aspirante es: sea honesto. Lo que usted tiene puede que no guarde relación con el puesto al que aplica; quizás tiene una hernia o una lesión de ligamentos, pero si va a trabajar en una oficina o su patología está cuidada, no será un impedimento. La honestidad permite que nosotros sepamos qué puede hacer y qué no, para protegerlo.

Es una cuestión de seguridad propia. Si omito una lesión en el tobillo y luego me exigen subir escaleras en el proyecto, me estoy poniendo en riesgo a mí mismo y a mis compañeros.
Exactamente. En cada charla de prevención les digo lo mismo: si no se cuidan ustedes, no los va a cuidar nadie. Nosotros estamos para acompañarlos y darles todas las herramientas, pero si el trabajador no las usa desde el primer paso —que es la honestidad en el examen—, pone en riesgo su salud y la seguridad de todo el equipo. La prevención empieza con uno mismo.
Esta charla aporta mucha tranquilidad. Baja la ansiedad saber que, incluso con una cirugía previa o una patología crónica, se puede trabajar en minería si existe un buen seguimiento profesional.
Es que hoy, desde El Castaño Minero, tenemos todo para garantizar ese respaldo. No convencemos con palabras, sino con hechos: tenemos especialistas las 24 horas, diagnóstico por imágenes de alta complejidad, laboratorios, centros de rehabilitación y estudios neurocognitivos en un solo lugar. La minería es una industria que no se detiene y requiere un respaldo médico que funcione al mismo ritmo. Saber que hay un profesional y una infraestructura de alta complejidad lista para responder en cualquier momento es lo que le da previsibilidad y seguridad a todo el sector.
Muchas veces se percibe al departamento médico o de ART como un simple trámite administrativo. ¿Cómo se logra transformar ese cumplimiento normativo en un valor estratégico para una operación minera?
Es una percepción que ha cambiado drásticamente, especialmente en la industria minera. Hace años, el servicio médico era visto meramente como un requisito legal. Hoy, gracias a una gestión profesional, hemos logrado instaurar que nuestro rol es netamente preventivo. El valor estratégico reside en garantizar la continuidad de la operación a través de la salud: nuestra función es que el operario no se enferme o se accidente, o que el impacto sea el mínimo posible. Para lograrlo, no podemos estar detrás de un escritorio; debemos estar en el terreno, conociendo el puesto de trabajo y la actividad real para mantener el empleo sano.
Existe una vieja filosofía médica que decía que al médico se le pagaba mientras el paciente estaba sano, y se le dejaba de pagar cuando enfermaba. ¿Es esa la lógica que aplica hoy a la medicina ocupacional?
Exactamente. La medicina ocupacional cumple una función preventiva por excelencia. Nuestra meta es que el trabajador que ingresa a un proyecto se mantenga lo más sano posible a lo largo de su carrera y, fundamentalmente, que el trabajo no lo enferme. El concepto es claro: el operario debe entrar sano y debe salir sano. Ese es nuestro indicador de éxito.
Hablemos del “apto minero”. ¿Qué es lo que realmente se evalúa en un examen preocupacional hoy en día y por qué es tan riguroso?
El examen minero es sumamente amplio debido a los riesgos específicos del sector, especialmente por el factor de la altura geográfica. Partimos de un examen básico que exige la ley para cualquier industria, pero le sumamos una batería de estudios especializados según la tarea y el riesgo. En alta montaña evaluamos desde un electrocardiograma y análisis de laboratorio completos, hasta electroencefalogramas, estudios auditivos profundos y revisiones odontológicas. No dejamos nada al azar porque el entorno es exigente.
Muchas veces existe el temor de que un resultado negativo en estos exámenes signifique quedar fuera de la industria. ¿El “no apto” es definitivo o funciona como una alerta para el trabajador?
Es importante aclarar esto: el examen no busca discriminar. Si detectamos una patología, no necesariamente es un “no” rotundo. Lo que hacemos, en coordinación con los proyectos, es informar al trabajador, derivarlo al especialista y, una vez que la patología está tratada y estabilizada, si los indicadores médicos lo permiten, esa persona puede trabajar en altura. Por supuesto, hay criterios de seguridad lógica: si alguien tiene una afectación visual severa, no puede operar un camión fuera de ruta por su propia seguridad y la de sus compañeros. Siempre evaluamos la salud en función de la tarea específica que el trabajador va a desempeñar.

El seguimiento de salud en minería parece un desafío logístico enorme, especialmente cuando pasamos de la clínica en la ciudad a una mina en operación a miles de metros de altura. ¿Cómo coordinan ese control a tanta distancia?
La clave es la comunicación simbiótica. Todo proyecto minero en operación cuenta con su propio servicio médico interno. Nuestra coordinación desde el servicio de medicina laboral de la Clínica El Castaño con esos equipos en terreno es fundamental. Cuando detectamos cualquier hallazgo en un examen preocupacional, lo comunicamos de inmediato a los médicos del proyecto. Al final del día, es el médico de la mina quien tiene la última palabra y otorga el apto final, porque es quien conoce el día a día del entorno operativo.
Entonces, ¿funciona como una especie de interconsulta permanente entre la ciudad y la montaña?
Exactamente. Es un diálogo constante. Si nosotros detectamos, por ejemplo, que un trabajador tiene un poco de sobrepeso o la presión algo elevada, lo conversamos con el equipo del proyecto y coordinamos el seguimiento. Le conseguimos turnos con especialistas, le hacemos los estudios necesarios y monitoreamos su evolución hasta que esté en condiciones óptimas para subir. Hoy los proyectos mineros tienen todo protocolizado: existen diferentes grados de aptitud, como el “apto para autoconservación” o el “no apto temporal”, dependiendo de los valores médicos que arrojen los estudios.
Usted mencionaba que la ventaja de la clínica es poder resolver casi todo en un solo lugar. ¿Qué importancia tiene esto para la eficiencia de las empresas mineras?
Es un valor diferencial absoluto. En la clínica brindamos una atención integral que va desde lo primario hasta lo terciario; es decir, desde la prevención inicial hasta la rehabilitación de alta complejidad. Para una empresa minera, que nosotros podamos hacer todo en un solo lugar —con el equipamiento y los medios adecuados— garantiza un tratamiento precoz y una reinserción laboral mucho más rápida. Cubrimos todo el ciclo: desde el chequeo previo a subir a la mina hasta una eventual intervención quirúrgica y su posterior rehabilitación. El operario nunca pierde la continuidad de su atención.
Hablando de continuidad, me imagino que la tecnología juega un rol vital. ¿Existe hoy una “historia clínica minera” que se pueda consultar en tiempo real desde cualquier punto?
Así es, hoy todo está digitalizado. Tenemos acceso a la misma información tanto en la clínica como en el proyecto. Especialmente en el área de ART, cuando ocurre un accidente de trabajo, todo se carga en una plataforma digital. Cada consulta, cada evolución y cada procedimiento realizado se refleja en el sistema en el mismo día. Esto nos permite tener una trazabilidad total: sabemos exactamente qué le pasó al trabajador en el proyecto y qué se le está haciendo en la clínica minuto a minuto. Es, efectivamente, una historia clínica minera en tiempo real.
En la práctica, ¿cómo funciona la logística ante una urgencia? Por ejemplo, si a un trabajador le sube la presión en la mina, ¿cuál es el protocolo para coordinar ese descenso desde la montaña hasta la clínica?
El médico que está en el proyecto es quien toma el control inicial. Él indaga las causas, monitorea al paciente y decide las condiciones del descenso: si puede bajar en una camioneta o si requiere una ambulancia. En los proyectos donde operamos solemos tener dos ambulancias disponibles arriba. Si es necesario, coordinamos un “punto de encuentro” intermedio. Nosotros salimos desde la clínica con nuestro equipo y nos encontramos con la ambulancia que viene de la mina para completar el traslado. La comunicación es constante para que, cuando el paciente llega a la clínica, ya tengamos todo listo para su atención específica.
Usted lleva 17 años en la medicina laboral. Con esa trayectoria, ¿siente que la minería obliga a la medicina a elevar sus propios estándares o es la medicina la que potencia a la industria?
Sin duda, la industria minera te empuja a un nivel que casi ninguna otra industria exige. Te obliga a trabajar bajo estándares de prevención altísimos y a hacer las cosas de la manera correcta en cada paso, desde que el operario pone un pie en la mina hasta que entra al consultorio. Lo más valioso es que ese nivel de vanguardia que aprendemos en minería, después lo replicamos en otros sectores a los que les cuesta más entender nuestro rol. La minería tiene muy claro qué es la higiene, la seguridad y la salud; eso nos obliga a estar siempre actualizados.
Es un “efecto cascada” que termina beneficiando a todo el sistema de salud de la provincia.
Exactamente. Y hay algo importante que rompe con ciertos mitos: a diferencia de lo que muchos creen, la minería no tiene un índice de siniestralidad alto. De hecho, es mucho menor que en otros rubros. ¿Por qué? Por el rigor de los protocolos. Si bien un accidente minero puede ser más grave por el entorno, la probabilidad de que ocurra es baja debido a la cultura de seguridad.
Es cierto, en pocos trabajos se tiene una charla de seguridad obligatoria todos los días antes de empezar la jornada.
Es que en minería la seguridad es un hábito presente todo el tiempo. Todos los días se refuerzan los conceptos, no porque se olviden, sino porque el trabajador debe tenerlos presentes en cada movimiento. Esa disciplina es la que nos permite decir que, hoy por hoy, la minería es uno de los entornos laborales más controlados y seguros para el trabajador.
En esta misión de mantener sano al trabajador, los hábitos de vida son determinantes. Para quien sueña con una carrera larga y saludable en la minería, ¿cuáles son esos “tips” o pilares básicos que debe cuidar?
En la minería aplicamos programas de salud que yo trato de replicar en cualquier otra industria. Los pilares son claros: alimentación saludable, control del tabaquismo y otras adicciones, actividad física y evitar el consumo de alcohol. Lo interesante de un proyecto minero es que, al tener al trabajador allí las 24 horas, el acompañamiento es mucho más efectivo que en una empresa de ciudad donde el operario cumple 8 horas y se va. Aquí podemos educarlo y acompañarlo de cerca, haciéndole entender que cada herramienta que le damos es por su propio bien. Siempre les digo a los chicos: si sufren una discapacidad por no cuidarse, les será muy difícil reinsertarse. Nosotros estamos para darles las herramientas, pero el autocuidado es su responsabilidad.

Es un trabajo integral. ¿Existe una coordinación real con otras áreas, como los servicios de catering o los gimnasios del proyecto?
Totalmente. Es un trabajo interdisciplinario. Si detectamos operarios con sobrepeso, nos sentamos con los nutricionistas del proyecto para adecuar su dieta diaria allí arriba. Lo mismo sucede con la actividad física: coordinamos con los profesores de gimnasia de la mina para ajustar las rutinas a las necesidades de cada paciente. Y si el proyecto no cuenta con esos servicios en el sitio, en Clínica El Castaño lo resolvemos abajo con nuestro propio staff de nutricionistas, kinesiólogos y especialistas. El objetivo es que el tratamiento no se interrumpa nunca.
Estamos en un momento de gran expectativa con la industria, con eventos como la Expo Minera donde miles de personas buscan una oportunidad. Muchos sienten temor de que un problema de salud, como una hernia o presión alta, les cierre las puertas en el examen preocupacional. ¿Qué mensaje les daría?
El mensaje principal es: no se limiten por miedo. El apto médico se evalúa siempre en función del puesto de trabajo. No es lo mismo alguien que va a realizar tareas de esfuerzo en la alta montaña que alguien que trabajará en una oficina en la ciudad. Tenemos muchísimas personas diabéticas o hipertensas que están trabajando en mina sin problemas porque sus patologías están controladas y medicadas. Si una enfermedad está bajo control profesional, el trabajo se puede realizar perfectamente.
Una excelente noticia para cerrar, Matías. Además, nos comentabas que el departamento médico de la Expo Minera estará a cargo de El Castaño Minero, así que allí estarán presentes.
Así es, allí estaremos para brindar todo el soporte médico necesario y seguir cerca de la familia minera en San Juan.
Existe un temor común que lleva a muchos postulantes a cometer un error en la primera etapa: omitir información. En su experiencia, ¿qué tan grave es faltar a la verdad en la declaración jurada del preocupacional?
Es un punto crítico. Todo examen preocupacional comienza con una declaración jurada y, lamentablemente, muchas veces la gente miente por miedo. Pero esa mentira no es una buena estrategia porque, tarde o temprano, la afección salta en los estudios. Omitir una cirugía de hace 20 años o una lesión vieja no es una excusa válida. El mensaje para el aspirante es: sea honesto. Lo que usted tiene puede que no guarde relación con el puesto al que aplica; quizás tiene una hernia o una lesión de ligamentos, pero si va a trabajar en una oficina o su patología está cuidada, no será un impedimento. La honestidad permite que nosotros sepamos qué puede hacer y qué no, para protegerlo.
Es una cuestión de seguridad propia. Si omito una lesión en el tobillo y luego me exigen subir escaleras en el proyecto, me estoy poniendo en riesgo a mí mismo y a mis compañeros.
Exactamente. En cada charla de prevención les digo lo mismo: si no se cuidan ustedes, no los va a cuidar nadie. Nosotros estamos para acompañarlos y darles todas las herramientas, pero si el trabajador no las usa desde el primer paso —que es la honestidad en el examen—, pone en riesgo su salud y la seguridad de todo el equipo. La prevención empieza con uno mismo.
Esta charla aporta mucha tranquilidad. Baja la ansiedad saber que, incluso con una cirugía previa o una patología crónica, se puede trabajar en minería si existe un buen seguimiento profesional.
Es que hoy, desde El Castaño Minero, tenemos todo para garantizar ese respaldo. No convencemos con palabras, sino con hechos: tenemos especialistas las 24 horas, diagnóstico por imágenes de alta complejidad, laboratorios, centros de rehabilitación y estudios neurocognitivos en un solo lugar. La minería es una industria que no se detiene y requiere un respaldo médico que funcione al mismo ritmo. Saber que hay un profesional y una infraestructura de alta complejidad lista para responder en cualquier momento es lo que le da previsibilidad y seguridad a todo el sector.







Comments