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“Estamos cerrando una temporada con estimaciones de 230.000 a 250.000 metros perforados en alta montaña”

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Así lo informó Eduardo Caputo, presidente de CAPERFO y gerente de HG perforaciones en una entrevista exclusiva con el programa “Minería y Voz”. El referente también profundizó sobre el salto cualitativo de los profesionales locales y cómo las exigencias internacionales de gobernanza y ética están modelando una minería 3.0 en la provincia.  

Eduardo, gracias por visitarnos. Quiero arrancar con una reflexión desde el corazón de HG Perforaciones. Acabamos de vivir una Expo Minera histórica, señalada por muchos como la más grande del país. ¿Cómo experimentaron ustedes este fenómeno desde adentro?

La verdad es que en HG lo vivimos muy de cerca y con mucha intensidad. Más allá de que compartimos stand con CASEMI —una excelente iniciativa institucional que se sostiene hace años—, la feria nos dio una oportunidad invaluable para acortar distancias con operadoras y proveedores. Fue impactante la cantidad de gente que se acercó, incluso personas que venían a dejar su currículum. Aunque quizás un stand no sea el canal ideal para postularse, los recibimos a todos porque el interés era masivo, tanto de afuera de la provincia como del exterior. El gran éxito de esta feria es que dejamos de hablar de promesas a futuro; ya no es “la minería va a ser grande”, sino que “ya es grande”. Para tomar dimensión, esta exposición tuvo el despliegue y la convocatoria de la Fiesta del Sol.

Coincido plenamente. Charlando con colegas me comentaban su sorpresa al ver stands repletos de delegaciones de Brasil, India, China y Europa. Todos con el foco puesto en San Juan. Como un actor que viene remándola en este sector desde hace años, ¿qué te genera ver este repentino interés global por nuestra geología?

Nos hemos abierto al mundo y entramos definitivamente en la agenda de la minería internacional. Lejos de ser algo negativo, esto es lo mejor que nos puede pasar. Sabemos que los grandes capitales y las inversiones vienen del exterior. Necesitamos ese contacto internacional para terminar de entender cómo se hace la minería de cobre a gran escala, un terreno en el que Argentina recién está dando sus primeros pasos firmes. Además, para el entramado de proveedores locales es el escenario ideal: abre las puertas para generar alianzas estratégicas con empresas extranjeras, ya sean más grandes, más chicas o del mismo tamaño. Lo que sucedió en la feria fue perfecto.

Eduardo Caputo, presidente de CPERFO y Gerente de HG Perforaciones.

Este desembarco internacional y el cambio de escala hacia la era del cobre traen consigo una reconfiguración del negocio. ¿De qué manera esta nueva escala redefine las exigencias técnicas y operativas para los perforistas sanjuaninos?

En la parte operativa, los perforistas locales tenemos el terreno cubierto. Hay que recordar que si hoy tenemos proyectos en el umbral de la construcción es porque se viene perforando de manera ininterrumpida desde hace 20 años. Nosotros empezamos cuando la minería en el país recién asomaba, en los inicios de Veladero. Desde ese momento nos fuimos formando, incorporamos tecnología, trajimos maquinaria de punta y capacitamos al personal local.

Me acuerdo de que, en los primeros años, venían muchísimos extranjeros de Canadá o Australia a enseñarnos cómo perforar. Hoy el escenario es completamente distinto: tenemos trabajadores locales que adquirieron todas esas técnicas y que conocen la cordillera de arriba a abajo. Estamos preparados técnicamente. Lo que sí viene con fuerza es una fuerte solicitud de las operadoras para elevar estándares: certificar normas de calidad, de medio ambiente, y empezar a hablar seriamente de gobernanza y ética. El mundo exige eso. Vienen a hacer una minería 2.0 o 3.0 con nosotros, planteando el desafío de trabajar bajo las mismas reglas y exigencias de cualquier país desarrollado.

Es un orgullo escuchar eso. Pasamos de importar instructores a tener profesionales propios listos para exportar conocimiento. Sé que tenés una historia muy linda sobre cómo impacta esto en las comunidades locales, ¿nos la podés contar?

Siempre me apoyo en las buenas experiencias para graficar esto. Una vez, un vecino de Calingasta me dijo algo que me quedó grabado: “Está bueno que nos tengan en cuenta, porque están perforando en el fondo de mi casa”. Nosotros aplicamos esa filosofía. Hoy, por ejemplo, tengo un supervisor de perforación —que es el cargo técnico más alto dentro de un proyecto en el campo— que es oriundo de Barreal. Y es importante aclarar que él no llegó a ese puesto simplemente por una cuestión de cupo o por ser local; sumó, por supuesto, pero llegó ahí por su altísimo conocimiento técnico y por su capacidad para transmitir calidad y seguridad a todo el equipo de trabajo. Estamos preparados, pero como siempre dicen los grandes actores de la minería, no hay que dormirse en los laureles. Conseguimos cosas excelentes, pero hay que seguir capacitándose porque queda mucho por hacer.

Para cerrar y entrando en el número fino de la temporada. Estamos ingresando de lleno en el periodo invernal en la cordillera, ¿cómo impacta el clima actual en el ritmo de las campañas de perforación en San Juan?

En esta época la actividad disminuye drásticamente. Prácticamente un solo proyecto mantiene operaciones durante el invierno. Hay que entender que operar con el clima invernal extremo implica un costo y un riesgo logístico enorme: mantener caminos abiertos de alta montaña, sostener campamentos enteros y convivir con el peligro de un temporal de nieve que te puede dejar varado varios días. Por eso, la mayoría de las empresas deciden cerrar la etapa de campo. Es el momento donde se hace mucho trabajo de gabinete, se interpretan los resultados de los metros perforados y se empieza a planificar detalladamente la campaña de la segunda mitad del año y principios del que viene.

Eduardo, metiéndonos de lleno en los números finos del sector y entendiendo que desde CAPERFO monitorean el pulso de la actividad, ¿tienen un registro estimado de cuántos metros se perforaron en San Juan durante esta última campaña?

En nuestro rubro hay que tener en cuenta que las empresas operadoras manejan un esquema estricto de confidencialidad porque la mayoría cotiza en bolsa y cualquier dato impacta en sus inversores. Por lo tanto, desde CAPERFO lo que hacemos son estimaciones muy precisas basadas en la cantidad de máquinas que vemos activas en el terreno. Para esta temporada que está cerrando, calculamos que el volumen total estuvo entre los 230.000 y 250.000 metros perforados. Es un número imponente, sobre todo porque hablamos de proyectos ubicados netamente en la cordillera. Esto es un factor clave: en alta montaña el avance es muchísimo más lento que en zonas de baja altura. Te doy un ejemplo concreto para dimensionarlo: si vas a un yacimiento como Cerro Negro en Santa Cruz, en un solo turno de trabajo podés avanzar entre 100 y 120 metros. En la cordillera sanjuanina, alcanzar esos mismos 100 o 120 metros te puede demandar entre 8 y 10 días de operaciones. Por eso, estos casi un cuarto de millón de metros son un hito tremendo que, sumado a las proyecciones actuales, anticipa que la segunda mitad del año vendrá con campañas de exploración aún más agresivas.

Es fundamental recordarle a la comunidad que la perforación es la columna vertebral de la primera etapa de cualquier proyecto minero. Ayer precisamente explicaba que es una actividad primaria que nunca debería detenerse, porque es la única herramienta que nos permite certificar recursos, ampliar la vida útil de los yacimientos y seguir descubriendo el potencial real del subsuelo. ¿Lo ves de la misma manera?

Absolutamente. Para graficarlo de forma simple: hoy en día, la única manera conocida y científicamente existente en el mundo para comprobar con certeza absoluta qué hay debajo del suelo es perforar. El geólogo y el geofísico hacen los estudios previos en superficie y te dicen: “Miren, según los modelos, acá puede haber un cuerpo mineralizado”. Pero hasta que no vas al lugar y pinchás la roca con una máquina, no hay certezas. Y entramos en un terreno fascinante donde vas a ciegas a buscar un descubrimiento; a veces se encuentra mineral y muchas otras veces no. A partir de ese primer pinchazo, el proceso se vuelve cada vez más técnico y complejo. Los modelos geológicos se van nutriendo con esa información física y las perforaciones posteriores se vuelven extremadamente precisas. Es la etapa avanzada en la que se encuentran hoy varios de los grandes proyectos de San Juan.

Justamente nos llega una consulta de un oyente desde Buenos Aires. Nos pide si podés explicar de manera sencilla qué es la “perforación diamantina” que mencionaste y qué diferencias tiene con otros métodos tradicionales que se escuchan en la industria.

Para no entrar en tecnicismos complejos, podemos generalizar la actividad en tres grandes sistemas de perforación. El primero es la rotopercusión, que básicamente es un martillo que gira y golpea simultáneamente para ir rompiendo el suelo. El segundo es el sistema rotary, el famoso tricono; cuando la gente se imagina una torre petrolera o minera, suele pensar en esos tres conos con dientes que giran y trituran la roca. Y el tercero, que es el más utilizado en la exploración metalífera, es la diamantina. Lleva ese nombre porque la herramienta de corte —la corona— tiene diamantes artificiales incrustados. Como el diamante es el material más duro que existe, su rotación permite cortar la roca más hostil de la cordillera de forma impecable.

Y el resultado de ese proceso es lo que en el sector llamamos el “testigo”, ¿verdad? Esas muestras cilíndricas que parecen tubos de piedra perfectos.

Exactamente, el famoso testigo de perforación. Lo verdaderamente maravilloso de este sistema, que fue desarrollado y patentado originalmente por una firma perforista global muy célebre, es que a medida que la corona va cortando la roca de forma cilíndrica, esa muestra se va alojando en un componente llamado “tubo interior”. El testigo se queda allí totalmente estático; no rota, no se destruye y no sufre fricción. Cuando el tubo se llena, se envía una herramienta de rescate que llamamos “pesca” para extraerlo desde el fondo del pozo. Así obtenemos una muestra de roca intacta, con la menor interferencia o vibración posible y limpia de lodos. Es una obra de ingeniería fantástica que le permite al geólogo determinar con precisión milimétrica los recursos del proyecto y la calidad de la roca que albergará la futura mina.

Me quedo con esa diferencia que hacías sobre los tiempos de la cordillera. Es clave que la comunidad entienda que cada metro en San Juan vale por diez. En base a esto, vos has sostenido firmemente que las empresas perforistas sanjuaninas están al mismo nivel —o incluso superior— que muchas multinacionales. ¿En qué aspectos técnicos, humanos o de conocimiento del terreno se fundamenta esa ventaja competitiva?

Hay una distinción enorme que hacer. La empresa perforista local, sea mediana o pequeña, tiene una escala que le permite seguir el minuto a minuto de sus operaciones de una forma muy cercana. En nuestro rubro, cada pozo es un mundo: podés estar perforando un tipo de roca y a los dos metros encontrarte con una falla o una geología totalmente distinta. Responder a eso exige un personal altamente capacitado para adaptarse rápido, una técnica flexible y máquinas en condiciones óptimas. La firma local le pone el cuerpo y el alma a que la calidad de ese servicio sea excelente en cada pozo. La multinacional, por su propia naturaleza corporativa, muchas veces trabaja el negocio como un mero promedio numérico: si a un pozo le va mal, compensan con los otros diez donde les fue bien. Ahí hacemos la diferencia. Además, nuestro compromiso con el desarrollo comunitario, las compras locales y la inserción de proveedores de la zona es infinitamente mayor. Y te lo puedo demostrar con una estadística real de un proyecto en el que trabajamos: arrancamos cinco empresas; tres internacionales y dos locales. Al segundo año, las internacionales empezaron a retirarse y quedamos las locales. Al último año del contrato, la única operando en el yacimiento era una empresa local. Demostramos con hechos que somos competitivos en precio y superiores en calidad.

Escuchándote pensaba en un paralelismo. Recientemente se habló mucho sobre cómo el proyecto Los Azules está empezando a incorporar Inteligencia Artificial en sus procesos. En el caso de las perforistas como HG, ¿ya están sumando estas tecnologías de vanguardia para mantenerse competitivas?

Totalmente. Hoy en día ya implementamos lo que en la jerga llamamos “software enlatado”, que son plataformas de gestión que ya traen IA integrada de fábrica. Nos volvimos muchísimo más eficientes en tareas que antes demandaban horas de data entry, en el análisis predictivo de datos y en la interpretación rápida de informes técnicos. Es verdad que la Inteligencia Artificial más pesada o automatizada se ve hoy en las grandes máquinas de producción que ya operan dentro de una mina activa, ya que la etapa de exploración y proyecto es más básica y ruda. Sin embargo, creo que es solo cuestión de tiempo para que veamos la IA aplicada directamente en los tableros de las perforadoras exploratorias. El hecho de que nuestro personal en San Juan ya esté familiarizado con estas herramientas y sepa cómo interactuar con ellas es un salto de calidad enorme.

Te ha tocado representar al sector en las grandes ligas internacionales, como la feria PDAC en Toronto, y dialogar directamente con líderes globales de la industria como Rob McEwen o Michael Meding. ¿Cuál es la percepción real que tienen estos grandes inversores sobre la capacidad operativa que existe en San Juan?

El caso de Los Azules es un gran ejemplo porque ellos aplican lo que yo considero “el modelo ganador”: involucrar a la cadena de valor local, desarrollarla y entender que deben insertarse de forma positiva y armónica dentro de un ecosistema industrial que en San Juan ya existe. Si ellos eligen este camino es porque tienen una percepción altísima de lo que los proveedores locales podemos dar. Aquí veo un quiebre generacional muy lindo. Yo acabo de cumplir 30 años, y noto que las generaciones más grandes repitieron durante mucho tiempo ese mito de que los argentinos no sabíamos hacer las cosas o que no teníamos una buena industria. Mi generación viene a cambiar esa cabeza. Empezamos a decir: “Pará, tenemos profesionales brillantes acá y exportados por el mundo, tuvimos una gran industria y tenemos un sistema educativo de base excelente que hay que seguir mejorando”. Si nos paramos desde esa confianza, y la actividad privada acompaña con inversión y exigencia, las perspectivas para el país son enormes.

Para cerrar y agradeciéndote enormemente este tiempo. Si miramos el mapa geológico de San Juan y lo comparamos con el de Chile, la diferencia en metros explorados históricamente sigue siendo abismal. Sin embargo, ver hitos recientes como el toque de campana de San Juan en la Bolsa de Valores de Toronto (TSX) abre una expectativa gigante. ¿Estamos en las puertas de un ciclo de perforación y exploración que sostendrá a la provincia por los próximos 20 o 30 años?

No tengo dudas de que sí. Los resultados que están arrojando las campañas actuales van a generar un efecto en cadena que alentará nuevas inversiones. El mundo está descubriendo que en nuestra cordillera hay concentraciones de mineral que en otras partes del planeta ya se agotaron o directamente no existen. Por eso los inversores miran a San Juan y se animan a poner presupuestos de alto riesgo, que es lo que define a la exploración: esa adrenalina de pinchar la roca sabiendo que a veces no hay nada y a veces encontrás un gigante. Es una actividad que no se ve a simple vista porque está escondida allá arriba en la montaña, pero sus números abajo son contundentes: para que dimensionemos, durante la temporada de exploración de 2025, la actividad contrató en Argentina a 6.000 personas de forma directa y generó 4.000 empleos indirectos. Estamos hablando de un universo de 10.000 trabajadores abocados exclusivamente a la exploración, sin contar la minería de producción. ¿El dato clave? San Juan se quedó con casi la mitad de ese empleo. Es una industria que tracciona con una fuerza imparable y las perspectivas que tenemos por delante son inmejorables.

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